A menos de tres días para que venza el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, la diplomacia trabaja contrarreloj y el presidente Donald Trump mezcla, con su estilo habitual, la mano tendida y el puño cerrado. Por un lado, ha confirmado el envío de una delegación de alto nivel a Islamabad para reanudar las conversaciones este martes. Por otro, ha lanzado algunas de sus amenazas más explícitas hasta la fecha contra la República Islámica.
La comitiva estadounidense estará encabezada por Steve Witkoff y Jared Kushner, enviado especial y asesor presidencial respectivamente, y contará también con la presencia del vicepresidente J. D. Vance, según confirmaron fuentes de la Casa Blanca. Horas antes, el propio Trump había dicho en una entrevista con ABC que Vance no podría viajar por razones de seguridad, pero la versión oficial cambió poco después. "Las cosas han cambiado", se limitaron a señalar los funcionarios. La confusión en torno a la composición de la delegación refleja la tensión interna que rodea todo el proceso.
El ultimátum de Trump
Trump ha elevado la presión sobre Teherán con un mensaje directo y sin ambigüedades difundido a través de Truth Social, su red social: si Irán no acepta el acuerdo, Estados Unidos destruirá sus centrales eléctricas y sus puentes. En una llamada posterior a Fox News, fue aún más lejos: "Todo el país va a volar por los aires". Esta retórica encaja con la estrategia que el propio Trump describió hace décadas en su libro *El Arte de la Negociación*, donde explicaba que su método consiste en pedir mucho más de lo que espera conseguir y presionar hasta el límite.
Sin embargo, las amenazas conviven con señales contradictorias. El viernes, a bordo del Air Force One, Trump anticipó a los periodistas que se prepararan para una gran noticia que nunca llegó. Al día siguiente, tras firmar una orden ejecutiva sobre el acceso a medicamentos psicodélicos, aseguró que la presión sobre Irán "ha funcionado bastante bien" y que las conversaciones avanzaban. La realidad sobre el terreno cuenta otra historia.
El estrecho de Ormuz, el nudo del conflicto
El paso marítimo que conecta el golfo Pérsico con el mar de Omán sigue siendo el principal punto de fricción. El viernes, Irán anunció su reapertura, lo que Trump celebró como un avance. Pero pocas horas después, Teherán volvió a cerrar el estrecho alegando que Estados Unidos mantenía el bloqueo naval sobre sus puertos. Durante el fin de semana, la Guardia Revolucionaria Islámica disparó contra un buque francés y un carguero británico en la zona, lo que Washington calificó como una violación directa del alto el fuego.
Trump argumentó en Truth Social que el bloqueo estadounidense ya había cerrado de facto el paso, y que el cierre iraní solo perjudica a Teherán, que pierde según sus cálculos unos 500 millones de dólares al día. El ministro de Exteriores iraní, Ismael Bagaei, respondió en X que el bloqueo naval estadounidense "no solo viola el alto el fuego mediado por Pakistán, sino que es ilegal y criminal".
La posición de Irán sobre las negociaciones tampoco está clara. Medios locales iraníes aseguraron que Teherán no enviaría delegación a Islamabad mientras persista el bloqueo naval. Sin embargo, según CNN, fuentes cercanas al proceso confirmaron que un equipo iraní sí se desplazará a la capital paquistaní. La agencia iraní Tasnim, considerada próxima a la Guardia Revolucionaria, mantiene la versión contraria.
Las líneas rojas de cada parte
Más allá de la táctica negociadora, las posiciones de fondo de ambos países están muy alejadas. Irán quiere mantener el control sobre el estrecho de Ormuz y poder cobrar tasas a los barcos que lo atraviesen, algo que Washington rechaza. Además, el presidente iraní Masoud Pezeshkian ha dejado claro que su país no renunciará a su programa nuclear, amparándose en el derecho internacional. "Trump no tiene justificación para privar a Irán de sus derechos nucleares", declaró según la agencia Isna.
Estados Unidos, por su parte, no aceptará ningún acuerdo que permita a Irán avanzar hacia el arma nuclear ni que ceda el control del estrecho. Son dos líneas rojas simétricas que hacen muy difícil cualquier acuerdo en el corto plazo.
En el plano diplomático, el primer ministro paquistaní Shehbaz Sharif, que ejerce de mediador, tiene previsto hablar por teléfono con el presidente iraní para definir las condiciones de la nueva ronda de conversaciones. Pakistán ha sido el único canal de comunicación aceptado por ambas partes desde el inicio del conflicto.
Trump, que inició esta guerra siguiendo en gran medida los consejos del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, esperaba cerrarla en pocas semanas. A seis meses de las elecciones de mitad de mandato, con su valoración en mínimos según las encuestas, la presión para alcanzar algún tipo de acuerdo crece por momentos. El problema es que, por ahora, ninguna de las dos partes parece dispuesta a ceder en lo que considera fundamental.