Las recientes tensiones en el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica para el transporte energético, están aumentando el riesgo de que Europa y Asia sufran un invierno con precios elevados de gas natural y electricidad. El conflicto latente entre Estados Unidos e Irán ha provocado una ralentización significativa en el tráfico de gas natural licuado (GNL), lo que amenaza con reducir el suministro global en un momento clave para la demanda.
Los precios del gas en Europa han alcanzado su nivel más alto desde marzo, con un aumento cercano al 30% en el último mes, reflejando la creciente preocupación de los mercados sobre la continuidad del flujo energético. Cada día que el estrecho permanece parcialmente cerrado aumenta la posibilidad de que Europa se enfrente a facturas de calefacción mucho más elevadas esta temporada invernal.
Para entender la situación actual, es útil recordar cómo el mercado energético logró adaptarse tras perder alrededor del 20% del suministro mundial de GNL durante la guerra en Irán. Según datos de Wood Mackenzie, más de la mitad de ese déficit se compensó con nuevos proyectos energéticos, principalmente en Estados Unidos. Además, la demanda de gas en Asia disminuyó al aumentar la generación con carbón, mientras que Europa aprovechó la primavera para retrasar la recarga de sus grandes depósitos subterráneos de gas, que hoy están a poco más de la mitad de su capacidad, algo inferior al 60% habitual para esta época.
Sin embargo, esta compensación no garantiza estabilidad futura. Los nuevos proyectos podrían equilibrar el suministro si la interrupción en Ormuz dura un máximo de seis meses, manteniendo el nivel de suministro del gas para 2026 similar al del año anterior, según análisis de Lex. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) también sugiere que, si el tránsito se normaliza en los próximos meses, el impacto en los suministros podría mitigarse antes de que finalice el año.
Riesgos y variables que amenazan el abastecimiento
El mercado energético sigue siendo vulnerable a varias incertidumbres. El tráfico en el estrecho se ha vuelto a ralentizar drásticamente, lo que ya ha comenzado a reducir las reservas de gas. En paralelo, la demanda de gas natural puede aumentar considerablemente en caso de un invierno frío: las estadísticas indican que un invierno más duro añade hasta 20.000 millones de metros cúbicos de consumo extra en Europa. Además, condiciones meteorológicas como bajas precipitaciones y viento débil incrementan la dependencia del gas para la generación eléctrica.
Competencia global por el GNL y consecuencias económicas
En un escenario donde el suministro se quede corto, Asia y Europa podrían competir intensamente por los cargamentos limitados de GNL, lo que provocaría que los precios se disparen. Dado que el gas natural marca el precio de la electricidad durante buena parte del día, este aumento repercutirá directamente en unas facturas eléctricas y de calefacción mucho más elevadas para hogares y empresas.
Este encarecimiento supondría un golpe adicional para la economía europea, en medio de un contexto de alta inflación y desafíos energéticos. Por otro lado, Estados Unidos, beneficiado por un gas más barato procedente de producción nacional, podría consolidar su ventaja competitiva en el mercado global de la energía.
La situación actual refleja la vulnerabilidad de Europa ante tensiones geopolíticas que afectan los flujos energéticos esenciales. La monitorización constante de los desarrollos en el estrecho de Ormuz será clave para anticipar el comportamiento de los precios y prepararse para los posibles escenarios que el próximo invierno presente.
Para más información sobre el mercado del gas y energía, puede consultarse la Agencia Internacional de la Energía y los análisis de Wood Mackenzie. Asimismo, Lex ofrece análisis detallados sobre el impacto geopolítico en el sector energético.