SpaceX, la empresa aeroespacial de Elon Musk, ha visto cómo su capitalización bursátil se desplomaba en las semanas posteriores a su estreno en Wall Street. El valor de la participación del fundador y máximo accionista ha bajado de 1,2 billones de dólares a menos de un billón.
Después de abrir a un precio de 135 dólares por acción, las acciones de SpaceX llegaron a alcanzar los 225 dólares a mediados de junio, catapultando su valoración por encima de los 2 billones de dólares. Este salto inesperado incluso superó el valor de gigantes tecnológicos como Amazon. Sin embargo, desde entonces el valor ha experimentado una caída pronunciada que ya alcanza un 40%, con un cierre reciente en 131 dólares, por debajo del precio inicial.
Esta caída se ha producido en un contexto complicado para las compañías tecnológicas con valoraciones elevadas, afectadas por los temores a nuevas subidas de tipos de interés en Estados Unidos y a las dudas sobre la rentabilidad de las inversiones millonarias en inteligencia artificial. A pesar de esta volatilidad, la mayoría de analistas se mantiene optimista: según un consenso recogido por Bloomberg, las acciones de SpaceX tienen un potencial de crecimiento del 76%, con firmas que sugieren incluso objetivos por encima de los 230 dólares.
La oferta pública de venta (OPV) de SpaceX también ha marcado récords en Wall Street, con más de 20 bancos de inversión que participaron y generaron comisiones por unos 500 millones de dólares. Esta cifra excepcional ha contribuido a beneficios trimestrales sobresalientes para estas entidades, en un mercado que sigue entusiasmado con las tecnologías vinculadas a la inteligencia artificial.
Goldman Sachs, uno de los coordinadores de esta operación, anticipa un crecimiento exponencial en las fuentes de ingresos de SpaceX relacionadas con la inteligencia artificial, esperando que se multipliquen por cien en la próxima década. Mientras tanto, Morgan Stanley ha informado de un aumento del 70% en sus ingresos por renta variable, gracias, en parte, al desempeño y la atención generada por SpaceX.
Además, la empresa completó una colocación de bonos por valor de 25.000 millones de dólares hace tres semanas; desde entonces, sin embargo, ha sido una de las empresas con peor comportamiento en el mercado de bonos de alta calidad.
Un aspecto singular de esta salida a Bolsa ha sido la alta participación de inversores minoristas, que adquirieron alrededor del 20% de la oferta total de 75.000 millones de dólares, un porcentaje inusual para compañías de gran capitalización. Por otro lado, los fondos hedge fund opinan menos, limitándose a un 10%. El grueso restante se distribuyó entre gestores a largo plazo, fondos soberanos y socios cercanos a Musk.
Los accionistas previos a la salida a Bolsa ya acumulan ganancias millonarias, aunque enfrentan restricciones para vender acciones hasta la publicación de los resultados trimestrales en agosto. Posteriormente, podrán disponer de más bloques de acciones, aunque Musk y otros grandes inversores tienen prohibido adquirir nuevas participaciones durante los 366 días posteriores a la OPV.
Recientemente, SpaceX se ha incorporado al índice Nasdaq 100, lo que facilita el acceso de inversores a través de fondos pasivos, posicionando a la empresa dentro de un grupo selecto de compañías tecnológicas de referencia.
La trayectoria bursátil de SpaceX refleja las tensiones actuales en el mercado tecnológico, donde las expectativas sobre las innovaciones y los riesgos macroeconómicos conviven de manera intensa. Mientras que los fundamentos y proyecciones a medio plazo apuntan al crecimiento, la volatilidad reciente muestra los retos que supone consolidar una valoración tan elevada en un mercado cambiante.
Para más detalles sobre la evolución bursátil de SpaceX, puede consultarse el análisis de Financial Times, así como los reportes de Bloomberg y las previsiones de Goldman Sachs.