El nuevo sistema europeo de registro biométrico en fronteras está generando un caos sin precedentes en los aeropuertos del espacio Schengen. Desde su entrada en funcionamiento completo, el llamado Entry-Exit System (EES) ha disparado los tiempos de espera en los controles fronterizos hasta las dos o tres horas en hasta 15 países, según ha alertado el Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI), la organización que agrupa a los principales operadores aeroportuarios del continente.
El sistema, que sustituye el tradicional sello en papel del pasaporte por un registro digital de datos personales y biométricos, obliga a los viajeros procedentes de países no comunitarios —incluidos los ciudadanos británicos tras el Brexit— a escanear su pasaporte, registrar sus huellas dactilares y hacerse una fotografía en unas máquinas habilitadas para ello antes de pasar al control policial. El procedimiento, que según la Comisión Europea debería durar una media de 70 segundos por pasajero, se está extendiendo en la práctica hasta los cinco minutos en horas punta, de acuerdo con los datos que maneja la ACI.
Un arranque que ya acumula problemas
El EES no es nuevo sobre el papel. Su puesta en marcha se había postergado en repetidas ocasiones por problemas con la infraestructura informática, fallos de ciberseguridad y retrasos en la preparación de varios Estados miembros, según recoge el Financial Times. Empezó a aplicarse de forma gradual en octubre del año pasado, pero esta semana debía estar operativo al cien por cien en todos los aeropuertos del espacio Schengen, que abarca 25 de los 27 miembros de la UE más Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza.
La realidad sobre el terreno dista mucho de ese objetivo. Aeropuertos de Francia, Alemania, Bélgica, Italia, España y Grecia, tanto grandes hubs internacionales como terminales regionales, están registrando colas que en los momentos de mayor afluencia superan las tres horas. La BBC informó el pasado domingo de que más de cien pasajeros perdieron su vuelo de EasyJet entre Milán y Manchester porque no lograron superar el control fronterizo a tiempo.
Olivier Jankovec, director de la división europea de la ACI, ha sido contundente en su valoración: la situación actual será, según sus palabras, sencillamente inmanejable durante los meses de verano si no se toman medidas urgentes. El sector aeroportuario pide que se habilite la posibilidad de suspender por completo el registro del EES cuando los tiempos de espera resulten inasumibles, algo que ahora mismo solo puede hacerse de forma parcial.
Máquinas que fallan y falta de personal
Entre los factores que explican el colapso, la ACI señala varios problemas estructurales. Las máquinas automáticas de registro presentan un rendimiento deficiente, los sistemas informáticos centrales de algunos aeropuertos sufren caídas y existe una escasez crónica de personal en los puntos de control fronterizo. Aunque las normativas permiten suspender temporalmente la recogida de datos biométricos cuando el sistema no captura correctamente la información del viajero, eso no elimina las colas: simplemente cambia el motivo por el que se forman.
No todos los aeropuertos han llegado al mismo punto de implementación. Algunos todavía se limitan a registrar los datos personales del viajero sin recoger aún la huella dactilar ni la fotografía, lo que da una idea de lo desigual que está siendo el despliegue del sistema en función del país y del aeropuerto.
Bruselas defiende el sistema pese a las quejas
La Comisión Europea ha respondido a las alarmas del sector con un mensaje de tranquilidad que contrasta con el que transmiten los operadores. Según recoge el Financial Times, Bruselas asegura que el EES está funcionando muy bien en términos generales y atribuye los problemas detectados a dificultades técnicas puntuales que se están resolviendo. La institución recuerda, además, que son los propios Estados miembros los responsables de garantizar la correcta aplicación del sistema sobre el terreno.
Esa discrepancia entre la visión de Bruselas y la de los aeropuertos pone de manifiesto la tensión que existe entre la ambición regulatoria de la UE en materia de control de fronteras y la capacidad operativa real de los aeropuertos para absorber un cambio de esta envergadura. El contexto tampoco ayuda: el sector aéreo europeo afronta este verano una presión adicional por la posible escasez de combustible derivada de la inestabilidad en Oriente Próximo, lo que añade otra fuente de incertidumbre a unas operaciones ya de por sí tensionadas.
Las próximas semanas, con el inicio de la temporada alta de viajes, serán la prueba de fuego para un sistema cuya puesta en marcha ha estado marcada desde el principio por los contratiempos. Si los tiempos de espera no se reducen de forma significativa, la presión sobre Bruselas y sobre los gobiernos nacionales para replantear o pausar la implantación del EES aumentará de forma considerable.