La guerra en Irán y el bloqueo parcial del estrecho de Ormuz, que concentra el 20% del suministro global de petróleo, han elevado las alarmas sobre la estabilidad del sistema energético mundial. Desde hace más de dos meses, se mantiene esta situación sin una solución cercana que permita la reapertura total y segura del paso marítimo vital para el comercio hidrocarburífero.
Este escenario ha generado una paradoja en los mercados: mientras algunas bolsas alcanzan máximos históricos impulsadas por la tecnología y por la expectativa de un conflicto breve, expertos advierten del riesgo de un choque petrolero sin precedentes si la tensión se prolonga. El desenlace político y bélico sigue siendo incierto, pero la pregunta clave es cuánto tiempo podrían resistir las reservas globales de crudo sin impacto físico grave en el suministro.
Recientemente, informes de dos bancos de inversión, Goldman Sachs y Société Générale, han ofrecido análisis con importantes diferencias sobre la duración de esas reservas. Goldman Sachs estima que, a finales de mayo, los inventarios de crudo y derivados equivaldrán a unas 98 jornadas de consumo global, señalando que harían falta más de 500 días de bloqueo para agotar completamente esas reservas.
Sin embargo, el informe advierte posibles problemas inmediatos en productos específicos, como el queroseno para aviación en Europa o algunos refinados de gran demanda en Asia, anticipando cuellos de botella que podrían disparar precios sectoriales incluso antes de agotarse el total del petróleo disponible. Goldman Sachs ha publicado datos detallados sobre la evolución de inventarios y riesgos asociados.
Por su parte, Société Générale presenta una evaluación más pesimista, descontando los inventarios estratégicos o en tránsito que no se pueden movilizar con rapidez. Según este banco francés, solo existen alrededor de 600 millones de barriles disponibles para responder a un cierre prolongado de Ormuz, equivalentes a solo seis días de demanda mundial efectiva.
En este escenario, la escasez podría presentarse en un período de 30 a 50 días. Históricamente, esta situación ha causado subidas abruptas del precio del barril para contener la demanda y evitar un colapso total del sistema energético. La entidad financiera destaca que actualmente el mercado no refleja esta preocupación extrema, confiando en un desenlace rápido del conflicto, pero las advertencias permanecen sobre la mesa como explica Société Générale en sus análisis recientes.
La diferencia entre ambas visiones radica en los criterios de reserva y movilidad de los stocks, pero coincide en que el bloqueo del estrecho de Ormuz presenta un riesgo real para el suministro global de crudo.
Este contencioso se produce en un contexto global bajo presión: el incremento de la demanda post-pandemia, limitaciones en la producción incrementada, y una sensibilidad elevada en los mercados por episodios anteriores de crisis energética. El petróleo sigue siendo un recurso esencial no solo para energía sino para industrias químicas y transportes, por lo que cualquier interrupción prolongada puede tener impactos económicos y sociales severos a nivel mundial.
Mientras los inversores sostienen su optimismo por la fortaleza de los mercados financieros, la incertidumbre geopolítica en Oriente Próximo recuerda la vulnerabilidad del sistema energético y la necesidad de diversificar y acelerar la transición hacia fuentes más sostenibles. La evolución de la guerra y el control del estrecho de Ormuz serán determinantes en los próximos meses para evitar un choque petrolero con consecuencias severas en la economía global.