El cofundador de Netflix, Reed Hastings, anunció esta semana que abandonará la presidencia de la compañía cuando concluya su mandato en junio, poniendo fin a una vinculación de casi tres décadas con la empresa que él mismo creó en 1997. La noticia llegó acompañada de unos resultados trimestrales que, pese a ser positivos en términos absolutos, decepcionaron a los inversores con sus previsiones para el trimestre en curso, lo que provocó una caída de más del 8% en las acciones de Netflix en el mercado fuera de hora de Wall Street.
El propio Hastings se despidió de los accionistas con una carta en la que recordó cómo la plataforma transformó su vida y destacó un hito concreto: la expansión global de enero de 2016, cuando el servicio llegó de forma simultánea a casi todos los países del mundo. Ese momento, según él mismo explicó, es su recuerdo favorito de toda su trayectoria en la compañía. Hastings ya había dado un paso atrás en 2023, cuando renunció al cargo de consejero delegado, y ahora completa su retirada definitiva del gobierno corporativo.
Resultados sólidos, pero previsiones flojas
Los números del primer trimestre del año no son malos sobre el papel. Netflix registró un beneficio neto de 5.283 millones de dólares entre enero y marzo, lo que supone un incremento del 82,8% respecto al mismo periodo del año anterior. El beneficio por acción alcanzó 1,23 dólares, frente a los 0,76 dólares de hace un año. Los ingresos crecieron un 16,2% hasta los 12.250 millones de dólares, superando ligeramente los 12.180 millones que esperaban los analistas.
Sin embargo, el mercado no celebró estas cifras. El problema no estaba en el pasado, sino en lo que la empresa anticipa para los próximos meses. Netflix estimó que su beneficio por acción en el trimestre actual se situará en torno a 0,78 dólares, una cifra notablemente inferior a los 0,84 dólares que proyectaban los analistas. En los mercados financieros, las expectativas futuras pesan tanto o más que los resultados presentes, y esa brecha fue suficiente para desencadenar las ventas.
En cuanto a los ingresos, la compañía prevé que su facturación para el trimestre en curso ronde los 12.570 millones de dólares, y para el conjunto del ejercicio estima que se situará entre los 50.700 y los 51.700 millones. Son cifras que reflejan un crecimiento sostenido, pero los inversores esperaban más dinamismo en la rentabilidad por acción.
El peso de la indemnización de Paramount
Una parte relevante del beneficio trimestral estuvo impulsada por un factor extraordinario: los 2.800 millones de dólares que Netflix recibió de Paramount como indemnización tras retirar su oferta de adquisición sobre Warner Bros Discovery. Este ingreso atípico infló los resultados y complica la comparación directa con trimestres anteriores o con las expectativas orgánicas del negocio. Sin ese colchón, la imagen de rentabilidad habría sido bastante diferente.
Este tipo de ingresos no recurrentes es precisamente lo que genera cautela entre los analistas. Una indemnización millonaria mejora el balance puntualmente, pero no dice nada sobre la capacidad de la empresa para generar beneficios de manera sostenida a través de su modelo de negocio principal. El mercado lo sabe y, en consecuencia, ajustó su valoración.
Un cambio de era en la cúpula directiva
Más allá de los números, la salida de Hastings marca el cierre simbólico de una época. Netflix nació en 1997 como un servicio de alquiler de DVD por correo y se transformó, bajo su liderazgo, en la plataforma de streaming dominante a nivel global, con cientos de millones de suscriptores en prácticamente todos los países del mundo. El trayecto implicó decisiones arriesgadas, como apostar por la producción propia de contenido cuando nadie lo hacía, y también crisis sonadas, como el intento fallido de separar el negocio de streaming del de DVD en 2011.
Con Hastings fuera, la dirección de la compañía queda en manos del equipo que ha gestionado la transición hacia un modelo publicitario y que ha apostado por restringir el uso compartido de contraseñas para monetizar mejor su base de usuarios. Estas dos palancas han sido las principales responsables del crecimiento reciente en suscriptores e ingresos, y sobre ellas descansará la estrategia de los próximos años.
El reto para Netflix en el corto plazo es demostrar que puede mantener un crecimiento rentable sin apoyarse en ingresos extraordinarios y en un contexto cada vez más competitivo, donde plataformas como Disney+ o Max presionan tanto en contenido como en precio. La reacción del mercado esta semana es un recordatorio de que las expectativas siguen siendo altas y que cualquier señal de desaceleración se paga de inmediato en Bolsa.