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La reapertura de Ormuz frena el riesgo de crisis alimentaria

La vuelta al tráfico por el estrecho alivia la presión sobre fertilizantes y materias primas agrícolas clave para el mundo

Por Carlos García·lunes, 20 de abril de 2026Actualizado hace 31 min·4 min lectura·7 vistas
Ilustración: La reapertura de Ormuz frena el riesgo de crisis alimentaria · El Diario Joven

Irán anunció el viernes la reapertura del estrecho de Ormuz, una vía marítima por la que transita una parte decisiva del comercio energético y alimentario mundial. La medida se mantendrá al menos durante los diez días que dura el alto el fuego acordado entre Israel y Hezbolá, la milicia pro-iraní con base en Líbano. La noticia llega en un momento crítico: las cadenas de suministro ya acusaban tensiones, y los expertos advertían de que un bloqueo prolongado podría traducirse en una crisis alimentaria global con efectos visibles en los mercados de 2026 y 2027.

El estrecho de Ormuz no es solo una ruta petrolífera. Por sus aguas circula el 20% del gas natural licuado del planeta, una materia prima sin sustituto directo para fabricar fertilizantes nitrogenados. Cinco de los grandes exportadores mundiales de estos insumos agrícolas —Irán, Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Baréin— dependen de este corredor para comerciar. Juntos representan más de un tercio del tránsito mundial de urea, el fertilizante nitrogenado más utilizado y económico, y casi una cuarta parte del comercio de amoniaco. También son responsables de una quinta parte de los fertilizantes fosfatados globales.

Según Máximo Torero, economista jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), los efectos de un bloqueo prolongado no se habrían notado de inmediato en los supermercados, pero sí en las cosechas. "Lo que viene, si el mundo no actúa rápido, es un shock de precios de los alimentos que no llegará este mes, sino en las cosechas de finales de 2026 y en los mercados de 2027", explicó antes de conocerse la reapertura. Torero añadió que "ya estamos dentro de esa ventana" temporal en la que el daño a la producción de fertilizantes se traslada progresivamente a la pérdida de cosechas y, después, al precio final de los alimentos.

Por qué el gas natural es el eslabón más frágil

El vínculo entre Ormuz y la comida pasa por la química industrial. El nitrógeno, el fósforo y el potasio son los tres grandes nutrientes que necesitan los suelos agrícolas. El nitrógeno se obtiene principalmente a partir del gas natural, que es la base de la urea y el amoniaco. Sin ese gas fluyendo con normalidad, los precios de los fertilizantes se disparan y los agricultores se ven ante una decisión sin salidas fáciles: pagar el doble o más por los insumos, o reducir su uso y asumir una menor producción. Torero cuantificó la magnitud del problema: los precios de la urea ya habían subido entre un 40% y un 60% antes del alto el fuego, el gas natural pasó de representar el 70% al 90% de los costes de producción de fertilizantes, y el barril de petróleo brent llegó a subir un 90% en el peor momento de la escalada.

Este mecanismo es el que hace que la calma en los supermercados resulte engañosa. Cuando el trigo sube en los mercados de materias primas, ese incremento solo se traslada entre un 10% y un 15% al precio final del pan, porque el resto del coste lo absorben la energía, la logística, la mano de obra y el embalaje. Por eso las tensiones en las cadenas de suministro tardan en hacerse visibles para el consumidor, pero cuando lo hacen, revertirlas sin provocar una recesión es mucho más difícil.

Goldman Sachs y la FAO coinciden en el diagnóstico

Según un análisis de Goldman Sachs citado en el contexto de la crisis, el 80% de la cesta del Bloomberg Commodity Index (BCOM) —uno de los índices de referencia para medir el comportamiento de las materias primas— estaba expuesto directamente al conflicto a través de pérdidas de suministro. Por su parte, la Organización Mundial del Comercio (OMC) alertó de que los estados del Golfo Pérsico podrían enfrentar escasez alimentaria, dado que importan entre el 70% y el 90% de sus alimentos básicos. Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí desembarcan el 90% de su comida por vía marítima. Muchos de estos países consumen cien kilos de trigo por persona al año sin cultivar prácticamente nada.

David Cano, socio de Analistas Financieros Internacionales (AFI), encuadra el riesgo en un patrón ya conocido: "Los shocks procedentes del lado de la oferta pueden parecer transitorios, pero luego no lo son: ya lo sufrimos en 2021 y 2022". Aquel episodio, alimentado por la pandemia y después por la invasión rusa de Ucrania, llevó a una inflación que obligó a los bancos centrales a subir tipos de interés de forma agresiva. La reapertura de Ormuz no elimina ese riesgo mientras el conflicto en Oriente Próximo siga sin una resolución definitiva, pero sí aleja el escenario más inmediato.

El propio Donald Trump complicó el panorama al anunciar en su red social que Estados Unidos mantendrá su parte del bloqueo hasta que se firme un acuerdo de paz permanente, lo que deja la situación en un equilibrio frágil. La reapertura es una señal positiva, pero los mercados de materias primas y los agricultores de todo el mundo saben que la estabilidad a corto plazo no garantiza seguridad a medio ni largo plazo, como advierte la FAO en sus informes sobre seguridad alimentaria global.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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