Las pulseras de actividad están experimentando un cambio notable. Lejos de ser simples relojes con pantalla, la nueva tendencia es eliminar este elemento para ofrecer dispositivos que solo midan la actividad y la salud del usuario, evitando distracciones.
Según el informe Worldwide Wearable Device Tracker de IDC, las ventas de estas bandas sin pantalla crecieron un 14,7% en 2025, un crecimiento impulsado principalmente por el fabricante chino Xiaomi, que se mantiene firme en la estrategia de ofrecer productos asequibles y escalables. Sin embargo, esta tasa también refleja la emergencia de dispositivos de gama alta inspirados en la marca estadounidense Whoop, pionera en popularizar las pulseras sin pantalla centradas en la recuperación y el bienestar para usuarios activos.
Whoop ha revolucionado el mercado con un modelo de negocio basado en la suscripción a su plataforma de seguimiento de salud. La pulsera se puede adquirir desde cero euros, pero requiere un pago inicial de 79 euros por el dispositivo y luego una cuota anual de 195 euros para acceder a los datos recogidos. Así, sin membresía, el acceso a los datos históricos se bloquea, lo que facilita la fidelización del usuario a largo plazo.
La última versión, la Whoop 5.0, captura datos biométricos 26 veces por segundo e incorpora un algoritmo avanzado para el análisis del sueño, desarrollado a partir de estudios clínicos con polisomnografía. Además, su batería ofrece hasta dos semanas de autonomía y dispone de un cargador inalámbrico que permite llevar la pulsera sin pausas. Este enfoque convierte a Whoop en referente para deportistas y usuarios que priorizan la salud personalizada.
El interés por este tipo de wearables se refleja también en el lanzamiento del Google Fitbit Air, previsto para la próxima semana. Este dispositivo se presenta como un pequeño módulo sin pantalla que se puede combinar con diferentes correas y que monitorea constantemente parámetros como frecuencia cardiaca, saturación de oxígeno, fases del sueño y frecuencia respiratoria, sin mostrar notificaciones ni interrupciones. Los datos se consultan desde la app Google Health, y Google ofrece un servicio Premium con entrenador basado en inteligencia artificial por 9,99 euros mensuales.
Con un precio de 99 euros, el Fitbit Air incluye tres meses de prueba gratis para su servicio Premium. La colaboración con el jugador Stephen Curry como embajador apunta a captar a un público activo y consciente de la salud, dispuesto a integrar tecnología discretamente en su día a día.
Amazfit se ha sumado a esta corriente con la Helio Strap, una pulsera sin pantalla que se enfoca en la condición física, el sueño y la recuperación. La Helio Strap puede funcionar de forma independiente, aunque está diseñada para complementarse con los relojes inteligentes de la marca. Su batería dura hasta diez días y ofrece detección de 27 tipos de entrenamiento, con métricas accesibles sin necesidad de suscripción adicional. El precio ronda los 99,90 euros.
Por último, Polar ofrece la Loop, una pulsera también sin pantalla que destaca por no requerir pagos por suscripción obligatoria, aunque sí ofrece un programa de entrenamiento personalizado por 9,99 euros al mes. Con un coste de partida de 195 euros, Polar Loop se dirige a usuarios interesados en un control avanzado del sueño, recuperación y niveles de esfuerzo durante la actividad diaria.
Esta tendencia señala un cambio en el mercado de wearables hacia dispositivos que priorizan la precisión de seguimiento y un modelo de negocio basado en servicios digitales. Mientras las grandes marcas apuestan por una experiencia integrada con sus plataformas, el usuario final gana alternativas que equilibran precio, autonomía y funcionalidad, especialmente en un segmento que hasta ahora se asociaba a gadgets de entrada.
Más información sobre estos dispositivos puede encontrarse en la página oficial de Whoop o en la web de Google Health para conocer detalles sobre el Fitbit Air. La evolución de estas pulseras sin pantalla podría redefinir la forma en la que medimos y gestionamos nuestra salud diaria, desplazando a los smartwatches más convencionales.
En resumen, las pulseras sin pantalla se consolidan como una opción para usuarios que buscan simplicidad y precisión en el monitoreo de su actividad, con un componente fuerte de servicios digitales que generan valor más allá del propio hardware.