Hace justo una década, la Unión Europea diseñó los bonos sénior no preferentes como un mecanismo para reforzar la solvencia bancaria y permitir que los bancos absorbieran pérdidas sin recurrir a ayudas públicas. Hoy, esta iniciativa se enfrenta a un fuerte desafío con la reciente regulación que otorga prioridad absoluta a los depósitos sobre cualquier otra deuda no garantizada, afectando a los 95.300 millones en bonos no preferentes emitidos por bancos españoles como Santander, CaixaBank, BBVA y Sabadell.
Estos bonos se crearon para resolver la incertidumbre generada por la prelación de los depósitos frente a otros instrumentos de deuda durante una crisis financiera. Como medida intermedia, los bancos emitieron deuda sénior con y sin preferencia para cumplir con objetivos regulatorios y absorber pérdidas en caso de insolvencia. Actualmente, las cuatro grandes entidades españolas mantienen en circulación 105.300 millones en bonos sénior preferentes y 95.300 millones en no preferentes.
Santander lidera la emisión en ambas categorías, con 73.000 millones en preferentes y 58.000 millones en no preferentes. CaixaBank destaca en la deuda no preferente con 20.700 millones, mientras que BBVA supera en preferentes con 21.000 millones frente a sus 12.300 millones en la otra categoría. Sabadell cuenta con 3.300 y 4.300 millones respectivamente.
Ahora, con la actualización de las normas europeas que posicionan los depósitos por delante de cualquier tipo de bono sénior no preferente en el orden de pago, estos instrumentos pierden parte de su funcionalidad y atractivo. Esto genera incertidumbre respecto a la futura demanda y emisiones de estos bonos, que hasta ahora ayudaban a abaratar el coste de financiación de los bancos.
Opiniones del sector y analistas son divididas. Fuentes bancarias sostienen que ambas categorías continuarán coexistiendo, cada una con su rol específico dentro de la estructura financiera. Por el contrario, CreditSights prevé una reducción en la emisión de bonos no preferentes, condicionada por factores como la robustez de la base de depósitos de cada banco, las exigencias regulatorias y la postura de los supervisores europeos.
La situación varía también a nivel europeo. Italia, Portugal y Grecia ya cuentan con normativas que priorizan los depósitos frente a otras deudas no garantizadas. Sin embargo, mientras bancos en Portugal y Grecia suelen no emitir deuda no preferente por la ausencia de grandes entidades sujetas a MREL (Requerimiento Mínimo de Fondos Propios y Pasivos Elegibles), el sistema italiano sí utiliza esta deuda para cumplir con requisitos regulatorios, beneficiándose de una sólida base de depósitos.
En España, la dependencia relativa de los bancos hacia fondos mayoristas incrementa la necesidad de mantener la deuda no preferente para proteger los bonos preferentes que absorben pérdidas en primer lugar y reducir costes financieros. Esta estrategia es especialmente relevante para Santander, único banco español en la lista de entidades sistémicas globales, que debe cumplir con exigencias específicas de capacidad total de pérdidas absorbibles (TLAC).
Otra incógnita pendiente recae sobre el criterio que adoptarán los reguladores europeos con respecto a la clasificación y tratamiento de las distintas deuda sénior. A pesar de que los bonos preferentes pierden posición frente a depósitos, continúan con rango preferente sobre otras deudas como notas estructuradas. Esta complejidad podría obligar a mantener la categoría de deuda no preferente para asegurar mecanismos efectivos de absorción de pérdidas.
El sector bancario confía en que las autoridades mantendrán un enfoque diferenciado para ambas categorías, dada su función diversa en la gestión del colchón anticrisis MREL. Según expertos, ambos tipos de bonos suman para requisitos distintos y ofrecen ventajas a los emisores, especialmente en coste.
Por el momento, se espera que las emisiones no desaparezcan, aunque podría observarse un menor volumen de nuevas emisiones no preferentes, con una posible sustitución parcial por bonos preferentes en ciertos vencimientos, como refleja la experiencia en Italia. Este escenario plantea un reto para la estructura financiera y la estrategia de financiación de los bancos españoles en un contexto regulatorio en transformación.
La evolución de estas emisiones será clave para evaluar el impacto real de la nueva jerarquía en la deuda bancaria y la estabilidad del sistema financiero. Más información sobre estos cambios está disponible en fuentes como el Banco Central Europeo o los informes de CreditSights.