La inteligencia artificial (IA) se perfila como un motor significativo para el crecimiento de la productividad en la próxima década, aunque con ritmos muy distintos entre Estados Unidos y Europa. Según el último informe mensual de CaixaBank Research y BPI, se prevé que la productividad aumente alrededor de un 1% anual en EE.UU., mientras que en Europa esta cifra rondará el 0,5%.
Este crecimiento no será instantáneo ni revolucionario, sino progresivo. El economista Oriol Carreras Baquer destaca que el escenario más probable es uno de ganancias moderadas y sostenidas a medio plazo, impulsadas por una adopción tecnológica más rápida y un sector tecnológico más arraigado en EEUU.
Diversos estudios recientes indican que aproximadamente el 20% de las tareas laborales podrían automatizarse gracias a la IA, aunque solo un 23% de esas automatizaciones resultarán viables económicamente en la próxima década. Otros análisis apuntan a cifras superiores, incluso al 60% de tareas susceptibles de automatización, con una viabilidad del 80%. Sin embargo, este potencial no debe interpretarse como un impacto inmediato sobre toda la economía, debido a los costes asociados a la implantación, como formación, adaptación de procesos y desafíos legales o técnicos.
Desafíos y efectos secundarios de la IA
El informe señala que, aunque las estimaciones muestran lo que es posible bajo condiciones óptimas, los beneficios efectivos llegarán de forma gradual. Además, advierte sobre efectos adversos en la economía real que pueden atenuar el impacto positivo. Un ejemplo es el efecto Baumol, donde sectores con menor productividad, al subir salarios para retener talento, aumentan sus precios y reducen la mejora global en el crecimiento.
Simulaciones de la OCDE sugieren que este efecto podría disminuir en torno a una sexta parte el potencial de crecimiento derivado de la IA. Al mismo tiempo, la IA puede generar externalidades negativas, como desinformación, ciberataques o publicidad adictiva, que no se reflejan en métricas económicas tradicionales y podrían sobrevalorar los beneficios sociales.
En cuanto a la desigualdad salarial, la IA podría tener un impacto distinto al de tecnologías previas, ya que su uso se reparte más ampliamente entre distintos niveles de cualificación. Esta distribución podría limitar el aumento de desigualdad, aunque el Fondo Monetario Internacional (FMI) enfatiza que el efecto dependerá de si predomina la sustitución o la complementariedad de tareas.
La IA en las empresas españolas
En el contexto español, CaixaBank analiza la adopción de la IA en las empresas y observa una clara brecha según el tamaño. En 2025, el 58,2% de las empresas con más de 250 empleados utilizaban IA, frente al 13,4% de las microempresas (menos de 10 trabajadores). Estas cifras han crecido considerablemente desde 2021, cuando solo un 3,7% de las empresas españolas adoptaban IA.
Por sectores, la tecnología y las telecomunicaciones lideran la adopción con cerca del 60%. Servicios intensivos en conocimiento, como actividades profesionales y científicas, están en segundo lugar, mientras que sectores como la construcción apenas alcanzan el 3,8%. El principal freno para ampliar su uso es la falta de capacidades, seguida de barreras relacionadas con datos y gobernanza.
En comparación con Europa, España se sitúa por delante de países como Portugal, Italia y Francia, aunque queda por detrás de Alemania, Países Bajos y la media de la eurozona.
Perspectivas y conclusiones
El informe concluye que la IA tiene un gran potencial para impulsar la productividad, aunque su impacto será gradual. Al principio se notará principalmente en la mejora de tareas específicas, con cambios más profundos a medida que las empresas optimicen procesos y aprovechen mejor la generación de conocimiento.
El ritmo más lento en Europa obliga a reflexionar sobre políticas y estrategias que favorezcan una adopción más rápida y eficiente, para no quedarse rezagados frente a economías más dinámicas como la estadounidense. En definitiva, la inteligencia artificial representa un cambio de gran magnitud para el crecimiento global, con importantes desafíos por delante.
Para profundizar, se pueden consultar los informes completos de CaixaBank Research y las simulaciones de la OCDE sobre productividad y el análisis del Fondo Monetario Internacional.