En el siglo XVII, navegar con precisión era un desafío debido a las dificultades para calcular la longitud en el mar, lo que complicaba las rutas y los intercambios comerciales.
Para resolver esta problemática, el rey Carlos II de Inglaterra fundó en 1675 el Real Observatorio de Greenwich con el objetivo de mejorar la astronomía y perfeccionar la navegación. Este paso, impulsado por la necesidad estratégica, sentó las bases para la creación del meridiano cero, la división geográfica mundialmente reconocida.
La construcción del observatorio fue dirigida por Christopher Wren, un destacado astrónomo y arquitecto. Aprovechando un antiguo castillo en una colina cercana a Londres, se estableció la primera instalación, diseñada especialmente para observar el cielo con precisión y equipada con los relojes más avanzados de la época.
Aunque los marineros podían determinar fácilmente la latitud midiendo la posición del Sol o las estrellas, la longitud era mucho más compleja. En 1767, el astrónomo Nevil Maskelyne publicó el primer Almanaque Náutico que, junto al sextante, permitió predecir la posición de la Luna para calcular la longitud con mayor exactitud. Este almanaque se convirtió en una herramienta clave para la navegación y fue usado por la mayoría de los barcos a finales del siglo XIX.
En 1884, durante la Conferencia Internacional del Meridiano, Greenwich fue elegido como el punto de referencia para el meridiano cero, consolidando su papel como centro geográfico mundial. Este acuerdo facilitó la estandarización de la longitud y ayudó a coordinar los mapas y rutas a nivel global.
Paralelamente, el observatorio influyó en la medición del tiempo. Hasta entonces, la hora local variaba según la posición solar, lo que complicaba los viajes y el transporte ferroviario a medida que crecían las distancias entre ciudades. Para resolverlo, se creó el Greenwich Mean Time (GMT) en 1840 como estándar temporal, que a partir de 1852 se difundió por todo Reino Unido mediante señales telegráficas.
El sistema de husos horarios mundial se basó en el GMT, convirtiendo a Greenwich no solo en un centro para la navegación, sino también en el referente global del tiempo oficial hasta 1972, cuando fue sustituido por el Tiempo Universal Coordinado (UTC).
Durante el siglo XIX, el observatorio amplió sus instalaciones para incluir el registro meteorológico y la construcción de nuevos telescopios, como el Gran Telescopio Ecuatorial, compitiendo con otros países por avances científicos. Sin embargo, en el siglo XX, la urbanización y la contaminación lumínica y acústica de Londres afectaron su capacidad de observación, lo que provocó que las instalaciones se trasladaran a Herstmonceux en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial.
Hoy, el Real Observatorio de Greenwich mantiene un valor histórico y educativo, funcionando como museo y atracción turística. La línea del meridiano cero sigue siendo uno de sus mayores símbolos, atrayendo a visitantes de todo el mundo que retratan el punto donde se define la longitud 0°.
El meridiano de Greenwich atraviesa siete países, incluidos Reino Unido, Francia, España (pasando por Castellón de la Plana) y varias naciones africanas. Aproximadamente dos tercios del meridiano transitan por océanos, destacando su extensión global de cerca de 20.000 kilómetros entre los polos.
Así, Greenwich no solo fue clave para el desarrollo de la navegación y la astronomía, sino que también estableció el sistema horario que facilitó la coordinación mundial en la era moderna.