Desde finales de 2020, el Gobierno español ha inspeccionado 1.608 operaciones de inversión extranjera directa para proteger sectores considerados estratégicos, según datos recopilados por EXPANSIÓN. Este análisis refleja un promedio de una revisión cada día y medio, un sistema implantado para blindar el tejido industrial y tecnológico nacional frente a posibles adquisiciones hostiles o no deseadas.
La ley conocida como escudo antiopas fue establecida para defender los activos estratégicos de España y evitar que empresas extranjeras tomen control en áreas clave como energía, tecnología, infraestructuras o recursos naturales. Originalmente vinculada a la pandemia y su impacto en la economía, la normativa ha sufrido diversas ampliaciones y endurecimientos, con vigencia prorrogada hasta diciembre de 2026, para mantener su protección en momentos de elevada incertidumbre geopolítica y económica.
En 2025, este mecanismo alcanzó un récord con 196 operaciones sujetas a autorización previa, un incremento significativo frente a años anteriores. Este dato revela dos tendencias principales: un creciente interés global por controlar activos españoles y un endurecimiento en los criterios de evaluación del Ejecutivo para salvaguardar sectores críticos. De estas operaciones revisadas, el 17-18% correspondió al sector tecnológico, ahora el principal foco de atención del Estado, desplazando a la energía que, aunque tradicionalmente el sector prioritario, bajó a un 9% en 2025 frente al 20% en 2024.
El cambio apunta a la valoración creciente de la tecnología como motor económico y de seguridad nacional, especialmente ante las tensiones internacionales y la carrera por el dominio en innovación digital. Empresas relacionadas con software, telecomunicaciones, semiconductores o infraestructuras digitales están ahora en el centro de la política de control de inversiones.
De las 1.608 operaciones examinadas desde 2020, el Gobierno exigió autorización en 486 casos. De esas, la mayoría (386) obtuvo permiso sin condiciones adicionales, mientras que en 45 se impusieron medidas específicas para proteger intereses esenciales. Sólo dos solicitudes fueron denegadas, un indicador de que la norma funciona más como un filtro y supervisión que como un veto masivo. La Junta de Inversiones Exteriores (Jinvex), órgano interministerial dependiente del Ministerio de Economía, es la encargada de esta evaluación, actuando como regulador y guardián del control.
El impacto del escudo antiopas también ha alcanzado grandes compañías y grupos del Ibex 35, generando análisis y debates públicos sobre la soberanía industrial. Entre los casos más llamativos está la llegada del grupo estatal saudí STC a Telefónica, que despertó preocupación por la exposición a capital extranjero en infraestructuras de telecomunicaciones estratégicas. Asimismo, la compra por parte del gigante chino Three Gorges de activos renovables, incluida la planta fotovoltaica de Mula, el mayor parque solar de España, evidenció las tensiones entre apertura a inversión y protección de recursos energéticos.
Otro ejemplo destacado es Naturgy, que ha pasado varias veces por el control gubernamental: primero con la entrada del fondo australiano IFM mediante una opa parcial y posteriormente cuando BlackRock incrementó su participación a través de la compra de acciones de GIP, otro fondo inversor. Este seguimiento reiterado refleja preocupaciones sobre cambios significativos en la estructura accionarial de empresas claves.
El grupo de Emiratos Masdar ha sido objeto de un escrutinio particular, con tres solicitudes de autorización examinadas en los últimos años por adquisiciones en Endesa y Saeta Yield, reflejando el interés internacional por el sector energético español, especialmente en renovables.
La ley antiopas surge en un contexto europeo y global donde los países vigilan con mayor exigencia las inversiones extranjeras en activos estratégicos para evitar vulnerabilidades en sectores neurálgicos. La Unión Europea ha impulsado en los últimos años medidas similares para controlar flujos de capital, en un intento por mantener la competitividad y seguridad industrial.
Esta legislación, aunque criticada por algunos sectores que la ven como una barrera a la inversión extranjera y potencial freno a la globalización económica, ha demostrado ser un instrumento efectivo para un control exhaustivo sin paralizar el acceso de capital externo a España. La mayoría de las operaciones continúan adelante, aunque con garantías para resguardar intereses nacionales importantes.
El futuro de esta norma está asegurado hasta 2026, pero el debate continuará sobre su alcance, impacto y posible adaptación a escenarios económicos cambiantes, como la transición energética, las nuevas tecnologías o la volatilidad geopolítica que condicionan las decisiones de inversión a nivel global. El Gobierno seguirá equilibrando apertura económica con protección estratégica, un desafío que implica vigilancia constante y adaptación normativa.
Para conocer más detalles sobre las operaciones y el marco legal, se pueden consultar los informes de EXPANSIÓN o la web oficial del Ministerio de Economía y de la Junta de Inversiones Exteriores
Esta criba constante refleja el esfuerzo del Ejecutivo para reforzar la soberanía industrial y tecnológica, manteniendo un equilibrio entre la entrada de capital y la defensa de sectores prioritarios frente a eventuales riesgos económicos y geopolíticos.