SpaceX ha irrumpido en la Bolsa de Nasdaq con una valoración estimada de 1,78 billones de dólares, un salto espectacular desde los 31.000 millones que valía en 2018. Entre los grandes beneficiados de esta salida a Bolsa, destaca el Scottish Mortgage Investment Trust, un fondo administrado por Baillie Gifford que apostó por SpaceX hace cinco años.
El fondo escocés invirtió en una ronda de financiación de la empresa espacial en diciembre de 2018, cuando estaba valorada en cifras mucho más modestas. Hoy, las acciones de SpaceX que posee valen cerca de 3.500 millones de libras, casi 4.000 millones de euros, lo que representa alrededor del 20% de su cartera total.
A pesar del impresionante crecimiento en el valor del fondo, que multiplicó por 57 el precio inicial de la inversión, sus acciones en la Bolsa de Londres han sufrido una caída cercana al 7% desde principios de junio, justo cuando SpaceX confirmó la publicación de su folleto para la oferta pública de venta (OPV).
A esta reducción en la cotización podrían contribuir varias razones. Por un lado, el mercado podría haber anticipado ya la ganancia extraordinaria de Scottish Mortgage, que subió un 30% en abril y mayo. Por otro, el resto de la cartera del fondo, compuesta mayoritariamente por valores tecnológicos, ha perdido valor debido a incertidumbres en torno a los tipos de interés y a un posible movimiento de capitales hacia la salida a Bolsa de SpaceX.
Además, los propios gestores del fondo han alertado sobre la alta volatilidad esperada tras la OPV, señalando que las acciones de SpaceX podrían duplicar su precio o caer a la mitad en los próximos meses. Este riesgo provoca cautela en los inversores, que se enfrentan a la incertidumbre sobre la valoración real de la empresa en el mercado público.
Esta situación refleja una tendencia reciente indicada por un informe de Aberdeen Investments: la mayor creación de valor en empresas tecnológicas ocurre antes de su salida a Bolsa, como se evidenció con Airbnb o Coinbase. Tras cotizar públicamente, el mercado suele mostrar prudencia en la valoración debido a la volatilidad y la aplanamiento del entusiasmo inicial.
El Scottish Mortgage Investment Trust no puede vender sus acciones de SpaceX en la OPV, ya que las acciones salen al mercado mediante nuevas emisiones, pero podrá empezar a liquidar su participación gradualmente a partir de dos meses después de la colocación. Este retraso añade tensión al fondo, que ve cómo su cotización cae justo en el momento en que espera convertir en efectivo una parte importante de su inversión.
El caso de Scottish Mortgage y SpaceX ilustra las complejidades que enfrentan los grandes fondos de inversión cuando participan en OPV de empresas tecnológicas de alto perfil. A pesar de las ganacias potenciales enormes, la volatilidad y la incertidumbre del mercado pueden frenar temporalmente la valoración de los activos de estos fondos, como se está reflejando en la Bolsa de Londres actualmente.
A medida que SpaceX se estabilice en el mercado y los inversores digieran la magnitud de su valoración, se podrá evaluar con mayor claridad el impacto en los fondos que participaron en rondas previas, entre ellos Scottish Mortgage, que sigue siendo un actor clave en la evolución futura del mercado tecnológico y espacial.