La economía mundial afronta su mayor amenaza desde la pandemia. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha presentado esta semana en Washington sus Perspectivas Económicas Mundiales con un mensaje claro: la guerra entre Estados Unidos e Irán, iniciada el pasado 28 de febrero, ha borrado de un plumazo el optimismo con el que arrancó 2025. El conflicto ha disparado el precio del petróleo hasta los 100 dólares por barril y ha bloqueado el estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del crudo mundial.
Pierre-Olivier Gourinchas, economista jefe del FMI, resumió el diagnóstico durante la asamblea de primavera que el organismo celebra junto al Banco Mundial en Washington: "La duración y la magnitud del conflicto determinarán la magnitud final del impacto sobre la economía mundial." La institución ha elaborado tres escenarios posibles, y solo el más optimista ofrece algo parecido a la tranquilidad.
Tres escenarios, ninguno brillante
En el escenario base, el más favorable, la guerra tendría un alcance limitado y sus efectos se disiparían a mediados de 2026. En ese caso, el crecimiento global sería del 3,1% en 2026, dos décimas por debajo de lo previsto en enero. La inflación global subiría al 4,4% en 2026. Este escenario se sostiene, en parte, gracias a que el Tribunal Supremo de Estados Unidos declaró ilegales los aranceles recíprocos de la era Trump, limitando el gravamen al 10%, y al impulso que sigue generando la inversión en inteligencia artificial.
El segundo escenario, adverso, es más preocupante. Si los precios de la energía se mantienen elevados más tiempo, el crecimiento mundial caería al 2,5% en 2026 y la inflación escalaría hasta el 5,4%, lo que forzaría a los bancos centrales a subir tipos de interés en un momento especialmente delicado para muchas economías. El petróleo podría llegar a promediar los 100 dólares el barril.
El tercer escenario, el más severo, es el que pone los pelos de punta: si los daños a las infraestructuras energéticas del golfo Pérsico se agravan, el crecimiento global se desplomaría al 2% en 2026 y la inflación superaría el 6%. El precio del petróleo se doblaría respecto a los niveles anteriores al conflicto, alcanzando los 110 dólares por barril. Según el propio FMI, esto pondría al mundo "muy cerca de una recesión mundial", algo que solo ha ocurrido cuatro veces desde 1980, siendo las dos últimas la crisis financiera de 2008 y la covid-19.
Europa frena, España aguanta y EE.UU. sale mejor parado
La distribución del impacto no es uniforme. Estados Unidos, gracias a su enorme capacidad exportadora de energía, sería de las economías menos golpeadas, con un crecimiento estimado del 2,3% en 2025 y del 2,1% en 2026. Europa, en cambio, sigue sin levantar cabeza: el FMI prevé un avance del 1,1% este año para la eurozona, con Alemania creciendo apenas un 0,8%, Francia un 0,9% e Italia un testimonial 0,5%.
España es la excepción en el viejo continente. El organismo mantiene su previsión de crecimiento en el 2,1% para 2025 y el 1,8% para 2027, cifras que la convierten en la economía avanzada más dinámica de la región. China, por su parte, crecerá un 4,4% este año, beneficiándose de la rebaja arancelaria estadounidense y de los estímulos aprobados por Pekín, aunque acumula desequilibrios internos que el FMI no pasa por alto.
Las economías emergentes importadoras de petróleo son las más vulnerables en todos los escenarios. El FMI señala que la revisión a la baja del crecimiento en estos países es de 0,3 puntos porcentuales para 2026, frente a cambios mínimos en las economías avanzadas. Paradójicamente, los propios países productores de Oriente Medio también sufren: el cierre del estrecho de Ormuz paraliza sus exportaciones y golpea su turismo y actividad empresarial.
El organismo identifica tres mecanismos por los que el conflicto se transmite a la economía global: el encarecimiento de las materias primas, el riesgo de espirales de precios y salarios mientras empresas y trabajadores intentan recuperar poder adquisitivo, y la posibilidad de una brusca corrección en los mercados financieros, con caída de activos, mayor fuga de capitales y apreciación del dólar. Con el frágil alto el fuego de la semana pasada todavía en el aire, el FMI deja claro que parte del daño ya está hecho, y que lo que queda por decidir es cuánto más profundas serán las heridas.