En abril de 2026, Irak exportó apenas 10 millones de barriles de petróleo a través del estrecho de Ormuz, un descenso del 89,2% respecto a los meses anteriores al inicio de la guerra en Irán el 28 de febrero. Antes del conflicto, el país enviaba aproximadamente 93 millones de barriles mensuales por esta vía estratégica. Así lo comunicó Basim Mohamed, nuevo ministro de Petróleo de Irak, en una reciente rueda de prensa en Bagdad, donde atribuyó la caída directamente a la crisis bélica y al bloqueo "de facto" impuesto primero por Irán y luego por Estados Unidos en esta ruta crucial para el comercio petrolero mundial.
El petróleo representa la principal fuente de ingresos para Irak, uno de los miembros fundadores de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y el segundo mayor productor dentro del grupo tras Arabia Saudí. La reducción tan drástica en las exportaciones podría tener consecuencias económicas importantes para su economía dependiente del crudo. Según datos oficiales del Ministerio de Petróleo iraquí, en marzo las exportaciones ya se habían reducido a 18 millones de barriles, señalando un proceso paulatino de dificultad para el envío de crudo por Ormuz.
El estrecho de Ormuz, una angosta vía marítima obligatoria entre el Golfo Pérsico y el Mar de Arabia, es fundamental para el transporte de cerca del 20% del petróleo mundial. El conflicto regional ha provocado bloqueos intermitentes y amenazas que han tensionado el flujo comercial. Irán, buscando presionar con medidas militares y estratégicas, ha limitado el paso, mientras que Estados Unidos ha incrementado su presencia naval para proteger la libre circulación, complicando aún más la situación. Esta dinámica ha llevado a Irak a buscar diversificar sus rutas de exportación para mitigar el impacto.
En este contexto, Basim Mohamed anunció que uno de los pilares de la estrategia del nuevo Gobierno es reforzar la colaboración con empresas extranjeras para aumentar la capacidad productiva del país, formar técnicos especializados y mejorar la infraestructura petrolera. No solo se busca superar los obstáculos actuales, sino también posicionar a Irak como un líder energético mundial dada su amplia riqueza en reservas de petróleo.
El ministro enfatizó la intención de que todas las provincias del país se conviertan en zonas exportadoras de petróleo, buscando una distribución más equitativa de los recursos y una mejora general de las condiciones económicas locales. Esto supone una transformación estructural importante para un país históricamente centralizado en torno a los principales yacimientos de la zona sur y este.
La guerra en Irán, cuyo origen y desarrollo se vinculan a tensiones internas y externas en Medio Oriente, ha alterado el equilibrio geopolítico y energético de la región. El impacto en Irak revela cómo los conflictos vecinales afectan no sólo a las partes directamente implicadas, sino también al comercio global y a países exportadores con infraestructuras dependientes de zonas de paso estratégico como Ormuz.
Para las empresas petroleras internacionales, la crisis supone un reto en materia de seguridad y logística. Muchas han paralizado o reducido inversiones en desarrollo de yacimientos y exploración, a la espera de una resolución más estable. Esto podría retrasar la recuperación de la producción a medio plazo.
En términos económicos, Irak enfrenta la urgencia de adaptarse a esta coyuntura. La caída en exportaciones genera menos ingresos en dólares, afectando el presupuesto estatal, la financiación de servicios públicos y proyectos de reconstrucción. Sectors complementarios y la población en general notan el impacto, dado que el crudo supone el 90% de las divisas nacionales.
El mercado petrolero global también refleja la tensión. La reducción del suministro de Irak contribuye a la volatilidad de precios, que en momentos de incertidumbre regional tienden a subir, afectando directamente a consumidores y economías dependientes del petróleo.
Diversos analistas señalan que, mientras persista el bloqueo y el conflicto en Irán, los exportadores del Golfo deberán desarrollar alternativas logísticas, incluidas nuevas infraestructuras terrestres y marítimas, para evitar depender exclusivamente del estrecho de Ormuz. Irak podría acelerar planes para conectar sus campos petroleros con puertos en el Mediterráneo o el Mar Caspio, buscando rutas menos vulnerables a bloqueos o ataques.
En suma, la caída del 90% en las exportaciones petroleras de Irak por Ormuz es un reflejo directo del impacto de la guerra y del bloqueo en la región. El país afronta una prueba clave para su economía y su capacidad de resiliencia energética, mientras sus autoridades trabajan en estrategias para recuperar la producción, asegurar nuevas vías de salida y mantener su posición en el mercado mundial del petróleo.
Para más detalles sobre el impacto del conflicto en el mercado internacional, se puede consultar el informe del Ministerio de Petróleo de Irak y los análisis de Agencia EFE.
El seguimiento de esta crisis será crucial para entender la evolución geopolítica y económica de Oriente Próximo, región fundamental para el abastecimiento energético global y para la estabilidad económica mundial.