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EE.UU. apuesta por las stablecoins y Europa por el euro digital

Washington veta el dólar digital y promueve las criptomonedas estables mientras el BCE acelera su moneda pública para 2029

Por Redacción El Diario Joven·domingo, 12 de abril de 2026·4 min lectura
Ilustración: EE.UU. apuesta por las stablecoins y Europa por el euro digi · El Diario Joven

La batalla por el futuro del dinero no se libra solo en los mercados financieros. Estados Unidos y Europa han tomado direcciones radicalmente opuestas en la carrera por la digitalización monetaria: mientras la administración de Donald Trump ha bloqueado cualquier desarrollo de un dólar digital y ha dado vía libre a las criptomonedas estables —las llamadas stablecoins—, el Banco Central Europeo acelera la creación del euro digital, una moneda pública pensada para reducir la dependencia del continente respecto a infraestructuras de pago estadounidenses como Visa o Mastercard.

El choque entre ambos modelos refleja dos visiones contrapuestas sobre quién debe controlar la infraestructura del dinero en la era digital. Y las consecuencias de esta divergencia afectarán a consumidores, empresas y al equilibrio de poder financiero global durante las próximas décadas.

Trump cierra la puerta al dólar digital y abre la de las stablecoins

Nada más regresar al Despacho Oval, Trump firmó una orden ejecutiva que prohíbe de forma explícita el desarrollo de una moneda digital del banco central estadounidense, argumentando que supondría una amenaza para la privacidad, la estabilidad financiera y la soberanía del país. Simultáneamente, la Casa Blanca puso en marcha un marco regulatorio favorable a las criptomonedas estables, activos digitales cuyo valor está vinculado al de una divisa tradicional como el dólar.

Esa promesa se materializó en verano de 2025 con la aprobación del Genius Act, la primera normativa federal que regula específicamente el mercado de stablecoins en Estados Unidos. La ley establece requisitos de reservas, transparencia y supervisión para los emisores de estos activos, dando carta de naturaleza a un sector que hasta entonces operaba en una zona gris regulatoria.

La estrategia tiene un objetivo claro: consolidar la hegemonía internacional del dólar también en el terreno digital. En países con economías frágiles e inflación desbocada, como Venezuela o Argentina, las stablecoins vinculadas al billete verde ya se utilizan como refugio y medio de pago cotidiano. Washington quiere que esa tendencia se expanda.

El propio entorno empresarial de Trump ha entrado en el negocio. Su compañía lanzó USD1, una stablecoin que se ha colocado como la quinta más importante del mercado, con una capitalización de aproximadamente 4.000 millones de dólares, por encima incluso de la moneda estable de PayPal.

Europa contraataca con el euro digital

Al otro lado del Atlántico, la respuesta ha sido exactamente la contraria. La política procripto de Washington pilló a la Unión Europea con la guardia baja y obligó a Bruselas y al Banco Central Europeo a desempolvar un proyecto que llevaba meses estancado: el euro digital.

La idea no es nueva. Nació en 2019 como reacción al anuncio de Facebook de lanzar Libra, una criptomoneda diseñada para facilitar transferencias internacionales. Aquella iniciativa encendió todas las alarmas en las autoridades monetarias europeas, preocupadas por la posibilidad de que una corporación privada acumulase un poder monetario enorme gracias a su base de miles de millones de usuarios.

Las stablecoins han resucitado esos mismos temores. La gran mayoría de ellas están vinculadas al dólar, lo que las convierte en un vehículo de expansión de la divisa estadounidense en un momento en que Europa ya no percibe a Washington como un socio comercial fiable. A la espera de que el Parlamento Europeo apruebe el marco legislativo correspondiente, el BCE prevé tener el euro digital operativo en 2029.

Para la autoridad monetaria europea, la moneda digital pública es una pieza clave para limitar la dependencia de sistemas de pago foráneos y para evitar que las stablecoins se afiancen como medio de pago habitual en la eurozona. El temor de fondo es que estos activos privados acaben creando un ecosistema monetario paralelo fuera del control de los bancos centrales, debilitando la eficacia de la política monetaria.

Dos modelos, dos lógicas distintas

Javier Molina, analista de eToro, resume bien la diferencia. Mientras Estados Unidos deja que el sector privado extienda el dólar digitalmente a través de las stablecoins, Europa prioriza mantener el control sobre la infraestructura monetaria. "El euro digital responde a una lógica de soberanía interna más que de competencia global. Reduce la dependencia de intermediarios privados y mantiene la transmisión de política monetaria bajo supervisión pública. Son dos modelos distintos: uno está orientado a expansión de red y el otro, a la preservación del sistema", señala.

No obstante, Molina advierte de que la capacidad del euro para escalar internacionalmente puede verse limitada si no va acompañada de un ecosistema privado competitivo. "Si el euro digital fortalece la independencia interna, las stablecoins en euro fortalecen la independencia externa", afirma.

Esa reflexión parece haber calado en las instituciones europeas. François Villeroy de Galhau, gobernador del Banco de Francia, alertó a finales de septiembre de que las entidades financieras del continente corrían el riesgo de quedarse rezagadas frente a Estados Unidos en el desarrollo de monedas estables.

La banca europea toma la iniciativa con Qivalis

Para no perder ese tren, varias de las principales entidades del continente han pasado a la acción. CaixaBank, BBVA y Unicredit, entre otros, se han unido en un consorcio denominado Qivalis con el objetivo de lanzar una stablecoin vinculada al euro en la segunda mitad de 2026. El proyecto cuenta con el respaldo, aunque cauteloso, de los bancos centrales de la región, que valoran especialmente que estas monedas estén emitidas por entidades bancarias reguladas y supervisadas.

Para las autoridades monetarias europeas, el euro digital y las stablecoins en euros no son excluyentes, sino complementarios. El primero está concebido como la versión digital del efectivo, pensado para pagos cotidianos a gran escala. Las segundas, en cambio, están diseñadas para mejorar procesos en operaciones de mayor envergadura: movimientos interbancarios, comercio transfronterizo y liquidaciones instantáneas.

El propio BCE reconoció la semana pasada en su estrategia de autonomía en materia de pagos que las stablecoins en euros, correctamente diseñadas y reguladas, pueden aportar beneficios concretos gracias a su programabilidad, su capacidad de liquidación atómica —que permite ejecutar operaciones de forma simultánea e instantánea eliminando riesgos de contraparte— y su alcance global. "Pueden ofrecer ventajas particulares en los pagos con dimensión transfronteriza", admitió la institución.

Pese a la enorme distancia entre las posturas de ambos bloques, hay un punto de coincidencia. Andrew Whitworth, profesor asociado de IE, subraya que la adopción de la tecnología blockchain por parte de las finanzas tradicionales es ya una realidad aceptada a ambos lados del Atlántico. "Hace pocos años, las instituciones tradicionales eran escépticas con esta tecnología, pero ahora ha cambiado totalmente", concluye. La pregunta ya no es si el dinero será digital, sino quién lo controlará.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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