El poder blando de China está en aumento en un momento en que la reputación global de Estados Unidos muestra signos de desgaste. En el Campeonato Mundial de Snooker, que se celebra en Sheffield, Reino Unido, Wu Yize se enfrenta a Shaun Murphy por el título. Wu, de 22 años, sería el segundo chino campeón del mundo tras Zhao Xintong el año pasado, ejemplificando la creciente presencia cultural china en un deporte tradicionalmente dominado por Occidente.
Sheffield, conocido históricamente por su industria siderúrgica, se ha convertido en un símbolo de esta nueva conexión cultural entre China y Reino Unido. Wu Yize se mudó a esta ciudad con apenas 16 años para perfeccionar su juego, mostrando la inversión que China hace en cultivar talento y presencia global en ámbitos culturales menos evidentes. Actualmente, se estima que en China hay alrededor de 150 millones de aficionados al snooker, una cifra que refleja su influencia creciente, reconocida incluso por el embajador británico en Pekín, quien mantiene una mesa de snooker en su residencia como símbolo del vínculo bilateral.
Este fenómeno forma parte de un desarrollo más amplio del "poder blando" chino, entendido como la capacidad de un país para atraer y seducir a través de la cultura y tecnología, mejorando así su imagen internacional. Mientras Japón se hizo famoso por el manga y Corea del Sur por el K-pop, las marcas culturales propias de China tardaron más en consolidarse, en parte por el control estatal sobre la sociedad. Sin embargo, aplicaciones como TikTok han cambiado este panorama, convirtiéndose en plataformas globales con amplio impacto cultural y generando tendencias y expresiones virales como la frase "un momento muy chino en mi vida".
Las disputas geopolíticas entre Estados Unidos y China también tienen su componente en la competencia por influir en el futuro tecnológico y económico mundial. Sondeos recientes muestran que en Asia Sudoriental una mayoría prefiere alinearse con China ante una hipotética elección entre las dos potencias. De igual modo, en países tradicionales aliados de EE.UU., como Alemania, Francia, Reino Unido y Canadá, crece la percepción de que es mejor depender de China que de Estados Unidos, un giro significativo en las alianzas internacionales.
La tecnología es uno de los escenarios clave. La caída en ventas de Tesla en Europa, vinculada a la asociación de Elon Musk con Donald Trump, contrasta con el avance firme de marcas chinas de vehículos eléctricos, como Omoda y Jaecoo. Esta preferencia hacia tecnología china se suma a otros aspectos, como los esfuerzos de EE.UU. para disuadir a sus aliados de usar equipos 5G de Huawei, cuya influencia en la infraestructura global resultó controvertida. No obstante, la creciente vigilancia y coerción económica observadas en la política exterior estadounidense han complicado esa narrativa y la credibilidad de sus advertencias.
Por su parte, China impulsa iniciativas como la eliminación de aranceles a importaciones procedentes de muchos países africanos y la liberación del código fuente de su modelo de inteligencia artificial DeepSeek, facilitando su adopción global. Estas acciones contrastan con las medidas proteccionistas de Washington, que recientemente impuso aranceles del 25% a vehículos europeos.
La relación entre Estados Unidos e India también muestra tensiones importantes. Durante la administración Trump, se aplicaron fuertes aranceles a India, se elogió a Pakistán y se emitieron comentarios polémicos contra el país asiático. Esto llevó a que India acelerase la aprobación de inversiones tecnológicas chinas en sectores clave, un movimiento que podría escalar la influencia china en la región.
Aunque las preocupaciones sobre la dependencia económica y el riesgo geopolítico que supone China tienen fundamentos legítimos, Pekín ha demostrado ser hábil en instrumentalizar sus recursos, especialmente tierras raras y minerales críticos, como herramientas de influencia internacional. Para contrarrestar este poder, Estados Unidos necesita reconstruir su capacidad de atracción y renovar sus alianzas, recuperando ese capital simbólico vital para la competencia global.
El auge del poder blando chino frente a la erosión del estadounidense, agravada durante el mandato de Donald Trump, plantea un escenario complejo en el que la reputación y la cultura internacional juegan un papel estratégico decisivo. La nueva rivalidad no solo se libra en mercados y diplomacia, sino en la capacidad para conectar y persuadir a través del ejemplo y la innovación cultural y tecnológica.
Para profundizar en estos temas, se pueden consultar análisis en fuentes como Financial Times, y datos de encuestas publicadas recientemente sobre la percepción global hacia China y Estados Unidos en Pew Research Center.
Este contexto redefine la geopolítica actual, donde influir en la mente y la cultura global es tan importante como el poder económico o militar.