El precio del cacao ha protagonizado una de las montañas rusas más espectaculares de los mercados de materias primas en los últimos años. De cotizar en torno a las 2.000 libras por tonelada a principios de 2023 en el mercado de Londres, la cotización se disparó hasta rozar las 10.000 libras apenas un año después. Ahora, tras un desplome acelerado en la segunda mitad de 2025, ha vuelto a niveles cercanos a los 2.400 libras. El resultado es un sector chocolatero atrapado entre dos fuegos: compró la materia prima a precios de récord y ahora tiene que vender el producto terminado a precios mucho más bajos.
La subida inicial tuvo causas claras. Las sequías prolongadas y el encarecimiento de los fertilizantes dañaron severamente las cosechas en Ghana y Costa de Marfil, los dos grandes productores mundiales que concentran la mayor parte de la oferta global. La escasez disparó los precios y puso en jaque los planes de producción de toda la cadena industrial. Ahora, la vuelta de las lluvias ha revertido la situación de forma brusca: la producción se ha disparado, el excedente se ha acumulado y los precios se han derrumbado. El mercado, como ocurre a menudo con las materias primas agrícolas, ha pasado de la escasez al exceso sin apenas transición.
Barry Callebaut recorta previsiones ante la caída del mercado
El mayor fabricante de chocolate del mundo, Barry Callebaut, con sede en Zúrich y proveedor de marcas de distribución y terceros en todo el planeta, fue de los primeros en cuantificar el daño. La compañía anunció la semana pasada que espera que sus beneficios antes de impuestos caigan entre un 15% y un 20% en su ejercicio fiscal actual, revirtiendo por completo las previsiones de crecimiento que había manejado hasta hace poco. Su consejero delegado, Hein Schumacher, señaló que la rapidez con la que se han desplomado los precios, combinada con un mercado con exceso de capacidad y una demanda en volumen más débil, ha presionado con fuerza la rentabilidad del grupo. La empresa indicó que trabaja en medidas a corto plazo para defender su cuota de mercado, según recogió el Financial Times.
El problema de fondo es estructural y afecta a toda la industria: las grandes chocolateras compran cacao con meses o incluso años de antelación para asegurar el suministro. Eso significa que ahora están procesando materia prima adquirida cerca de los máximos históricos, mientras los precios de venta al consumidor tienen que ajustarse a la baja para reflejar la nueva realidad del mercado. El margen, sencillamente, se comprime. Y ese efecto tardará varios trimestres en corregirse, hasta que las coberturas caras queden atrás y el ciclo de compras se adapte a los precios actuales.
Hay otro factor que agrava la situación: durante los meses de precios elevados, varias chocolateras trabajaron activamente para reformular sus recetas y reducir el contenido de cacao en sus productos, buscando abaratar costes. Eso contrajo la demanda en volumen justo cuando la oferta empezaba a recuperarse, acelerando el ajuste a la baja de las cotizaciones.
Hershey y Nestlé, también en el punto de mira
Hershey, otra de las grandes referencias del sector, atraviesa un momento especialmente delicado. Hace apenas diez días, su presidente para Estados Unidos, Andrew Archambault, anunció su salida del cargo para principios de mayo, comunicada formalmente a la SEC. El movimiento llega después de que la compañía publicara una caída del 60% en sus ingresos netos en el último trimestre, según recogió Confectionery News. Hershey atribuye esos resultados tanto a la volatilidad del precio del cacao como al impacto de las tensiones comerciales internacionales del año pasado, que alteraron los flujos de intercambio a escala global. En marzo, la empresa ya había anunciado una reorganización de su estrategia global, pocas semanas después de presentar esos datos poco alentadores.
Nestlé, por su parte, afronta el momento con una reestructuración de gran calado. La compañía, que el año pasado adelantó su intención de eliminar 16.000 puestos de trabajo en todo el mundo, acaba de comunicar un ERE en España que puede afectar a un máximo de 301 trabajadores, algo más del 7% de su plantilla local de 4.158 personas. La medida se enmarca en lo que el grupo denomina un "plan de transformación operativa" para hacer frente al aumento de los costes, el cambio en los hábitos de consumo y el avance de las marcas blancas. El anuncio llegó pocos días después de que su presidente, Pablo Isla, se comprometiera ante los accionistas a construir una empresa "más simple, rápida, competitiva e innovadora" en su primera junta general al frente del gigante suizo.
Los grandes proyectos en Brasil quedan en el aire
El desplome del cacao tiene también consecuencias más allá de las cuentas de resultados trimestrales. Varios empresarios brasileños habían puesto en marcha proyectos de grandes plantaciones de cacao para convertir al país en una potencia exportadora y competir con los productores africanos. Detrás de esas iniciativas estaban compañías como Cargill y la propia Barry Callebaut, que buscaban diversificar sus fuentes de suministro y reducir la dependencia de Ghana y Costa de Marfil en momentos de escasez.
El problema, como señalan los analistas citados por Reuters, es que esos proyectos se diseñaron con los precios de 2024 y 2025 como referencia. A los niveles actuales, los números no cierran: los precios de mercado no cubren ni los costes de inversión inicial ni los de producción de las nuevas plantaciones, lo que deja en suspenso buena parte de esa apuesta estratégica. La volatilidad extrema del cacao, en definitiva, no solo castiga a quienes fabrican tabletas y bombones, sino que reordena toda la cadena de valor del sector, desde los campos de cultivo hasta los lineales del supermercado.