La gestora estadounidense Blue Owl ha tenido que imponer límites a las solicitudes de reembolso en sus fondos de crédito privado después de recibir más de 4.200 millones de dólares en pedidos de retirada solo hasta junio de este año. Este es el segundo trimestre consecutivo en el que la empresa limita estas solicitudes para intentar controlar la presión de los inversores que buscan salir.
Este contexto refleja la tensión que atraviesa el mercado estadounidense de inversión privada, especialmente golpeado tras el colapso de firmas como Tricolor y First Brands. Según datos de Financial Times, en el segundo trimestre Blue Owl enfrentó solicitudes de reembolso por valor de aproximadamente 22.000 millones de dólares en unos veinte fondos, cifra que superó nuevamente los 20.000 millones del trimestre anterior.
El porcentaje medio solicitando reembolsos subió a un 8,7%, evidenciando una creciente desconfianza entre los partícipes. A pesar de ello, los fondos de crédito privado lograron atender alrededor del 40% de esas solicitudes, lo que supone unos 14.000 millones bloqueados. Blue Owl comunicó que las solicitudes en fondos destinados a préstamos tecnológicos ascendieron a 4.700 millones, con un leve descenso en los fondos de préstamos directos.
La firma se muestra optimista ante la disminución de las retiradas en algunos fondos y atribuye esta mejora al desempeño más sólido en los préstamos directos, que ha ayudado a recuperar algo el ánimo inversor. No obstante, la volatilidad en el mercado global de crédito privado y la necesidad de limitar reembolsos han aumentado la incertidumbre entre los inversores.
Este fenómeno no es exclusivo de Blue Owl. Grandes gestoras como Blackstone, Apollo, KKR o BlackRock también se han visto obligadas a establecer límites similares para contener la salida masiva de capital. En este panorama convulso, hay ejemplos de éxito que contrastan con la situación de Blue Owl.
La gestora británica Hayfin, por ejemplo, anunció el cierre exitoso de su mayor fondo de crédito privado, con una captación total de 15.000 millones de dólares, prácticamente el doble de lo previsto originalmente. Cerca del 35% del capital de este fondo se ha invertido ya en más de 35 empresas de tamaño medio, enfocándose en compañías con generación sólida de flujo de caja y buena protección contra pérdidas. Este fondo también incluye 600 millones de dólares provenientes de una emisión de bonos calificados para invertir.
Mientras tanto, en otra noticia relevante para la industria del crédito privado, Phil Tseng, consejero delegado de BlackRock TCP Capital —el fondo especializado de BlackRock—, está en proceso de abandonar la compañía tras varios meses de pérdidas relacionadas con préstamos fallidos. Además, está siendo investigado por reguladores de Estados Unidos debido a prácticas cuestionadas en la valoración de activos.
Estas investigaciones regulatorias evalúan la gestión de ejecutivos en ámbitos específicos y podrían afectar la dirección del fondo. Pese a la incertidumbre, Tseng sigue en su puesto, aunque ni la gestora ni el propio directivo han querido comentar los detalles sobre su futuro profesional.
El escenario que enfrentan estas grandes firmas refleja las complejidades actuales dentro del mercado del crédito privado, donde la confianza de los inversores y la transparencia en la gestión se han convertido en factores cruciales para la estabilidad y captación de fondos.
El contraste entre la limitación de reembolsos en Blue Owl y el éxito en captación de Hayfin pone en evidencia las distintas estrategias y circunstancias que enfrentan las gestoras en un mercado marcado por la volatilidad y la cautela.
Para profundizar en estos movimientos se puede consultar más información en Financial Times y seguir la evolución en páginas especializadas de BlackRock.