El bitcoin vuelve a marcar el paso. La mayor criptomoneda del mundo ha subido hasta un 5% en las últimas 24 horas para rozar la barrera de los 75.000 dólares, niveles que no se veían desde mediados de marzo, cuando el conflicto entre Estados Unidos e Irán se encontraba en su punto álgido. Desde los mínimos de 60.000 dólares que tocó a principios de febrero, el activo acumula ya una revalorización del 15%.
El catalizador inmediato de este repunte hay que buscarlo en el mercado de divisas. La posibilidad de una segunda ronda de negociaciones entre Washington y Teherán ha reducido la aversión al riesgo en los mercados globales, lo que ha provocado una caída del dólar hasta mínimos también vinculados al inicio de la guerra. Para los inversores en criptoactivos, un dólar más débil tiene un efecto directo: alivia la presión bajista sobre activos denominados en esa moneda y refuerza el atractivo del bitcoin como alternativa a las divisas convencionales.
El contexto geopolítico también ha dado un giro curioso al ecosistema cripto en los últimos días. Irán ha planteado la posibilidad de cobrar en criptomonedas el peaje por el estrecho de Ormuz, una vía marítima estratégica para el comercio mundial. Aunque se trata de una propuesta todavía en el aire, el solo hecho de que aparezca sobre la mesa ilustra cómo los activos digitales están ganando protagonismo más allá de los mercados financieros tradicionales.
Desde el punto de vista técnico, el rebote desde los 60.000 dólares ha generado cierta confianza entre los analistas. La firma Bernstein ya apuntó que ese nivel podría haber actuado como suelo de mercado. El hecho de que el bitcoin haya aguantado bien las turbulencias bélicas y financieras de los últimos meses refuerza esa lectura: tras un desplome de hasta el 50% en los meses previos al conflicto, la criptomoneda ha demostrado una resistencia llamativa.
El frente regulatorio es otro factor que los inversores siguen con atención. Estados Unidos trabaja en una nueva normativa para el mercado cripto, y cualquier avance en ese sentido podría actuar como otro impulso para el sector. La incertidumbre regulatoria ha sido históricamente uno de los frenos más potentes para la adopción institucional, por lo que un marco más claro abriría la puerta a flujos de capital más estables.
Javier García de la Torre, director de Binance para España y Portugal, apunta que el mercado está mostrando señales de madurez más allá de los vaivenes de corto plazo: mayor resiliencia, nuevos patrones de demanda estructural y avances tecnológicos relevantes. En su opinión, estos elementos podrían sentar las bases para una nueva fase de crecimiento del ecosistema en los próximos meses.