El crecimiento de las energías renovables en España y en Europa está encontrando un techo inesperado: la falta de infraestructuras que permitan gestionar toda esa energía limpia de forma eficiente. Baterías, interconexiones y redes más flexibles son ahora mismo la asignatura pendiente del sector, según dos de sus principales reguladoras.
En el debate de clausura del IV Encuentro EXPANSIÓN Energía, Paula Ceballos, responsable de Energía y Medio Ambiente de la Representación Española en la Comisión Europea, y Rocío Prieto, directora de Energía de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, coincidieron en señalar el almacenamiento como el factor decisivo para avanzar en la transición energética sin comprometer la estabilidad del suministro.
Ceballos recordó que la Unión Europea tiene el objetivo de que las renovables representen el 42,5% del consumo final de energía en 2030, pero que alcanzarlo exige una flexibilidad que hoy no existe en la escala necesaria. Según sus datos, la UE cuenta actualmente con unos 56 gigavatios de capacidad de almacenamiento, cuando las proyecciones indican que serán necesarios alrededor de 200 gigavatios para esa fecha. La distancia entre ambas cifras resume bien el reto que tiene por delante el continente.
En el caso español, el problema se hace especialmente visible en primavera. Prieto explicó que España ya supera los 50 gigavatios de potencia solar y fotovoltaica instalada, mientras que la demanda punta se sitúa en torno a los 45 gigavatios. Eso significa que durante muchas horas del día la generación renovable podría cubrir toda la demanda, pero también que en las horas sin sol hay que recurrir a la hidráulica o a las baterías para no dejar a oscuras al país. Sin almacenamiento suficiente, una parte de esa energía solar simplemente se desperdicia, lo que se conoce como vertido a la red.
El apagón del año pasado, que dejó sin suministro a millones de hogares y negocios en España, puso también sobre la mesa la necesidad de un sistema eléctrico más robusto. Más interconexiones con los países vecinos y redes más malladas son parte de la solución, ya que permiten redistribuir la energía allí donde se necesita y reducir la dependencia de una sola fuente de generación.
Para acelerar el despliegue de estas infraestructuras, tanto Bruselas como Madrid han puesto en marcha cambios regulatorios. La Comisión Europea presentó en diciembre su paquete de redes europeo, que equipara el almacenamiento en nivel de prioridad a las propias renovables, reduce los plazos de tramitación de permisos y otorga a estos proyectos una presunción legal de interés público. En España, la CNMC también ha simplificado los procesos de autorización y ha habilitado un modelo de acceso flexible a la red, por el que el operador del sistema puede ordenar la desconexión temporal de una instalación de almacenamiento si en ese momento no hay capacidad disponible. El objetivo es integrar más proyectos sin que compitan directamente con la demanda industrial por el mismo espacio en la red.