El mercado de las criptomonedas ha dejado de ser territorio exclusivo de entusiastas tecnológicos y especuladores para convertirse en un negocio que atrae a los mayores actores del sistema financiero mundial. Gestoras como BlackRock y Fidelity, junto a entidades bancarias como BBVA, Santander, CaixaBank o Morgan Stanley, han dado un giro radical en su postura hacia los activos digitales durante los dos últimos años, pasando del escepticismo declarado a ofrecer productos y servicios cripto a sus clientes. La entrada de estos gigantes marca una nueva era para un ecosistema que nació precisamente como alternativa al sistema financiero tradicional.
El origen de este cambio tiene dos catalizadores principales. El primero fue la aprobación en Estados Unidos, en 2024, de los fondos cotizados (ETF) que replican el precio de bitcoin, un instrumento que facilitó el acceso de inversores institucionales y minoristas a este activo sin necesidad de operar directamente en plataformas cripto. El segundo, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca con un discurso abiertamente favorable al sector, lo que generó un entorno regulatorio más flexible en EE UU y legitimó la inversión a ojos de muchos actores conservadores. En este contexto de euforia, el precio de un bitcoin llegó a alcanzar los 125.689 dólares.
La regulación europea como punto de inflexión
En Europa, el marco regulatorio ha sido determinante. La normativa MiCA (Markets in Crypto-Assets Regulation), la primera legislación integral para el sector en el continente, entró en vigor el 30 de diciembre de 2024 y establece que cualquier entidad que quiera operar con criptoactivos debe obtener una licencia del supervisor nacional correspondiente. En España, BBVA fue la primera entidad en conseguirla, en marzo de 2025, seguida por Openbank, Santander, Cecabank, Renta 4 Banco y CaixaBank. En total, más de 150 entidades en Europa —entre bancos y plataformas de intercambio— están ya autorizadas para ofrecer servicios relacionados con criptomonedas.
David Tercero Lucas, profesor de Economía en la Universidad Pontificia de Comillas-ICADE, describe el estado actual del mercado como "mucho más estructurado, un ecosistema más maduro e integrado en el tradicional". El debate entre los grandes inversores institucionales ha dejado de ser si bitcoin debe incluirse en las carteras para centrarse en qué peso asignarle. Las entidades financieras comenzaron ofreciendo compraventa y custodia de activos digitales —principalmente bitcoin y ethereum— así como acceso a ETF de las principales criptomonedas.
Luz Parrondo, profesora de la UPF Barcelona School of Management, subraya que "el sector financiero ha asumido que los criptoactivos han llegado para quedarse" y que "las entidades deben satisfacer la demanda de sus clientes". Este movimiento ha contribuido a legitimar la inversión en activos digitales entre los ahorradores minoristas, que se sienten más seguros operando a través de su banco habitual. "El público generalista ve a actores profesionales entrar en estos mercados. Ya no ve a las criptos como un esquema Ponzi o un entorno opaco, sino como un activo alternativo", insiste la experta.
Las stablecoins, la auténtica revolución silenciosa
Si bitcoin ha acaparado los titulares, las stablecoins —criptomonedas estables vinculadas al valor de una divisa tradicional como el dólar— están protagonizando la transformación más profunda. Su capitalización total roza los 320.000 millones de dólares, un 140 % más que a comienzos de 2024. El mercado está dominado por Tether (emisor de USDT) y Circle (dueña de USDC), y los activos ligados al dólar representan el 99 % del total. Los volúmenes de transferencias realizadas con estos instrumentos superaron los 30 billones de dólares en 2025, una cifra comparable a los flujos agregados de Visa y Mastercard, que rondan los 27 billones.
Tercero Lucas las define como "la infraestructura monetaria del ecosistema cripto y un puente entre las finanzas tradicionales y los activos digitales". Su estabilidad resulta clave para atraer capital institucional en un entorno tan volátil. La aprobación del Genius Act en EE UU, la norma que regula este segmento, apunta a una adopción todavía más amplia. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, afirmó que "un mercado de stablecoins bien regulado puede reforzar el papel global del dólar y ampliar sus efectos de red en los nuevos sistemas de pagos digitales".
Bancos frente a empresas cripto: competencia y colaboración
La creciente influencia de las stablecoins ha generado inquietud en la banca tradicional, que teme un trasvase de depósitos hacia estos instrumentos. Un informe del Tesoro de EE UU estimaba en abril de 2025 que este auge podría provocar una salida de 6,6 billones de dólares de los depósitos bancarios hacia monedas estables. La legislación estadounidense prohíbe a los emisores remunerar directamente a los usuarios por mantenerlas, pero permite que intermediarios ofrezcan recompensas, replicando de hecho el funcionamiento de los depósitos remunerados.
Ante esta amenaza, los grandes bancos han optado por competir desde dentro. Un consorcio internacional que incluye a Banco Santander, Goldman Sachs, Deutsche Bank y Bank of America explora el lanzamiento de una moneda estable vinculada a las principales divisas del G7. En Europa, doce entidades —entre ellas CaixaBank y BBVA— se han unido al consorcio Qivalis, con sede en Países Bajos, para lanzar su propia stablecoin en euro en la segunda mitad de 2026. Según S&P Global, las stablecoins en euros representan actualmente solo el 0,2 % del mercado total, con unos 650 millones de euros en circulación, pero sus analistas estiman que en 2030 su valor podría situarse entre 25.000 millones y 1,1 billones de euros.
Mientras tanto, la relación entre banca y empresas cripto no es solo de rivalidad. Garanti, la filial de BBVA en Turquía, eligió al exchange español Bit2Me como proveedor de liquidez, y entre los accionistas de esta plataforma con sede en Castellón figuran BBVA, Cecabank, Unicaja y Bankinter. Una simbiosis que refleja bien la nueva dinámica: competencia en algunos frentes, colaboración en otros, y un mercado que se aleja definitivamente de la imagen de ciudad sin ley que lo definió durante más de una década.