En enero de 2012, el Gobierno del Reino Unido anunció el ambicioso proyecto HS2, una línea de alta velocidad que iba a conectar Londres con Birmingham, Mánchester y Leeds, con una inauguración prevista para 2026 y un presupuesto inicial de 37.500 millones de libras. El plan pretendía ser un avance crucial para la infraestructura ferroviaria británica, impulsando la movilidad y el desarrollo económico regional.
Sin embargo, tras más de una década, el proyecto HS2 afronta una profunda revisión. El Gobierno británico ha actualizado sus previsiones y reconoce que el trazado se reducirá a sólo 225 kilómetros, limitándose a la conexión entre Londres y Birmingham, y los trenes no circularán más allá de esa ciudad. Además, la puesta en servicio se ha retrasado notablemente y no está prevista para antes de 2036, con una posible finalización en torno al año 2043.
De forma aún más preocupante, el presupuesto ha escalado exponencialmente. El coste actualizado para el tramo restante se estima ahora en un máximo de 102.700 millones de libras, equivalentes a unos 118.600 millones de euros a precios de 2025. A esta cifra hay que sumar la inflación futura y el costo de adquisición de los trenes, incrementando aun más el desembolso total. Este sobrecoste implica un gasto aproximado de 525 millones de euros por kilómetro, situando a HS2 como la línea de alta velocidad más cara de Europa.
La ministra de Transportes, Heidi Alexander, ha indicado en una sesión parlamentaria que la velocidad comercial de los trenes se reducirá a 320 kilómetros por hora, frente a los 360 km/h planeados inicialmente, para contener costes y plazos. Asimismo, la estación de Londres no será la céntrica Euston, sino Old Oak Common, un enclave al oeste de la capital, lo que implicará trasbordos adicionales y eliminará los beneficios de tiempo que se esperaban originalmente.
El incremento desmedido de costes tiene causas diversas. Un tercio responde a la inflación, pero la mayor parte se atribuye a infraestimaciones iniciales, costes imprevistos y dificultades técnicas. Por ejemplo, un túnel de un kilómetro requirió una inversión de alrededor de cien millones de libras para proteger a una colonia de murciélagos, un requisito ambiental de estricta aplicación en Reino Unido. Además, los elevados precios en expropiaciones y normativas más exigentes han contribuido a disparar el presupuesto final.
Entre las empresas españolas involucradas destacan Ferrovial y Dragados (ACS). Ferrovial, en consorcio con socios, tiene adjudicado un contrato valorado en 3.000 millones de libras para la instalación de vías, catenaria e infraestructuras en el tramo entre Old Oak Common y Birmingham, donde una tercera parte corresponde al grupo controlado por la familia Del Pino. Dragados, por su parte, construye las estaciones terminales de Curzon, en Birmingham (570 millones de libras), y Euston, en Londres (1.512 millones de libras, aunque con modificaciones y negociaciones pendientes).
El impacto del HS2 va más allá de su coste económico. La ministra Alexander ha declarado que el proyecto se ha convertido en un «símbolo del declive» del país, reflejando las dificultades del Reino Unido para ejecutar grandes infraestructuras a tiempo y presupuesto. La ambición inicial de conectar las principales ciudades del norte con la capital ha sido reducida a un trazado más modesto, afectando la viabilidad y la eficiencia del servicio.
Desde 2015, el presupuesto ha aumentado regularmente: de 55.700 millones de libras en ese año, a 65.000 millones en 2024, y ahora con un salto del 50% adicional. Las cancelaciones de ramales y reducciones de alcance han acompañado este proceso, aunque afortunadamente no han afectado a los contratos con las empresas españolas, que siguen adelante con el tramo Londres-Birmingham.
El Gobierno laborista busca compensar esta pérdida con nuevos proyectos, entre los que destaca la conexión ferroviaria entre Oxford y Cambridge, que se perfila como una oportunidad para la participación de compañías españolas y europeas. Mientras tanto, el HS2 seguirá siendo objeto de debate por sus retrasos, sobrecostes y el impacto en la percepción de la ingeniería británica.
La evolución del HS2 pone de manifiesto los retos que enfrentan las grandes infraestructuras en mercados maduros, donde el incremento de costes, la burocracia, y la presión ambiental y social coexisten con la necesidad urgente de modernización y sostenibilidad del transporte público. El papel que juegan empresas como Ferrovial y ACS es clave para asegurar la continuidad y posible éxito de estos megaproyectos.
Para más detalles, puede consultarse el informe oficial del Departamento de Transporte del Reino Unido y la cobertura actualizada en Expansión.