El Gobierno argentino de Javier Milei ha puesto en marcha un ambicioso plan de privatización que afectará a los complejos hoteleros de 'turismo social' construidos durante la administración de Juan Domingo Perón. Esta medida representa el fin de una era de acceso a vacaciones subvencionadas para miles de trabajadores y se enmarca en la estrategia del presidente libertario para desmantelar un Estado que considera sobredimensionado y generador de déficit crónico.
Los principales focos de esta iniciativa son el complejo de Chapadmalal, en la costa atlántica de la provincia de Buenos Aires, y Embalse, en la provincia de Córdoba. Chapadmalal, con sus nueve hoteles frente al mar, fue inaugurado a finales de la década de 1940 bajo la visión de Perón y Eva Perón, encarnando el derecho al ocio y las vacaciones para la clase trabajadora. Hasta hace poco, permitía a los argentinos disfrutar de estancias con pensión completa por precios irrisorios, en ocasiones tan bajos como 3 o 4 dólares por noche, acogiendo a miles de huéspedes anualmente.
Un Legado Social en Entredicho
Durante décadas, estos complejos ofrecieron una experiencia vacacional completa, con servicios que incluían desde cenas con camareros elegantes hasta bailes con música folclórica y cumbia. Cintia Suárez, quien ha trabajado en Chapadmalal durante veinte años y dirige el museo Eva Perón en el lugar, enfatiza el profundo valor cultural y social del complejo. "La gente que trabajaba duro en el campo venía aquí y sentía que se lo merecía. Los niños se iban con la esperanza de que la vida podía ser buena", explica Suárez, añadiendo que "no hay justificación para privarlos de eso" en referencia al derecho al ocio.
Sin embargo, la visión peronista de un Estado benefactor ha chocado frontalmente con la propuesta de libre mercado de Javier Milei. El presidente ha argumentado que el 'turismo social' estatal, cuyo presupuesto ascendía a unos 7 millones de dólares antes de que su gobierno redujera sus operaciones en 2024, no es compatible con su modelo económico. En marzo, las autoridades anunciaron una licitación para la concesión privada de Chapadmalal por 30 años. El complejo de Embalse, por su parte, sí será puesto a la venta directa. Estas acciones se basan en la idea de que el Estado no debe gestionar actividades en las que carece de ventaja competitiva o experiencia, una postura defendida por figuras como el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, quien vaticina que un operador privado "mejoraría su valor turístico".
Reacciones y Futuro Incierto
La decisión ha generado una fuerte polarización en la sociedad argentina. Los peronistas y sectores afines critican que Milei está desmantelando un modelo que, a su juicio, hizo de Argentina uno de los países más igualitarios de Latinoamérica. Manuel Diez, exlíder sindical y antiguo trabajador de mantenimiento del complejo, lamenta que el país se dirija hacia un modelo donde "solo unos pocos pueden prosperar". Las protestas no se han hecho esperar, con ex empleados y grupos comunitarios llevando a cabo manifestaciones, mientras que los sindicatos han iniciado acciones legales para proteger los derechos del personal y evitar desalojos. El gobierno de la provincia de Buenos Aires, de orientación peronista, incluso ha solicitado gestionar los hoteles, sin éxito hasta el momento, según la secretaria provincial de Turismo, Sole Martínez, quien alude a "enormes intereses empresariales" detrás del plan privatizador.
El apoyo a Milei ha experimentado una disminución en los últimos meses, en un contexto de recortes de empleo en sectores clave y una ligera caída de los salarios reales. Analistas como Marcelo García, de Horizon Engage, señalan que la pregunta clave para los argentinos ya no es si debe existir el turismo social peronista, sino si el modelo de Milei "permite una calidad de vida lo suficientemente buena como para poder irse de vacaciones de vez en cuando". Esta incertidumbre política y económica se suma a la ya existente sobre el futuro de Chapadmalal; aunque el proceso de licitación está en marcha, aún no se ha definido si los operadores privados mantendrán los hoteles como instalaciones de bajo precio o los transformarán en destinos de lujo.
El cierre de operaciones y los despidos de los aproximadamente 50 empleados restantes de Chapadmalal marcan un punto de inflexión. Si bien el complejo había visto su número de visitantes decaer en décadas anteriores por falta de inversión, el último gobierno peronista (2019-2023) había inyectado varios millones de dólares en renovaciones, logrando una recuperación de la afluencia previa a la elección de Milei. La privatización de estos complejos pone de manifiesto la profunda división ideológica en Argentina sobre el papel del Estado en la economía y el bienestar social. La historia de Chapadmalal, que ha sido testigo de la primera vez que muchos argentinos de regiones sin litoral vieron el océano, ahora se enfrenta a un capítulo completamente nuevo, cuyo impacto real en el turismo y la sociedad argentina está aún por verse. El gobierno nacional, a través de organismos como la Secretaría de Turismo de Argentina o la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), es el principal actor en esta transformación, siguiendo la línea de políticas económicas liberales promovidas por la Presidencia de la Nación.