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Van Aert conquista la París-Roubaix y frena a Pogacar

El belga logra su primera victoria en el Infierno del Norte tras un duelo épico con el esloveno en los adoquines franceses

Por Redacción El Diario Joven·domingo, 12 de abril de 2026Actualizado hace 10 min·4 min lectura·1 vistas
Ilustración: Van Aert conquista la París-Roubaix y frena a Pogacar · El Diario Joven

Wout van Aert se impuso este domingo en la París-Roubaix, una de las carreras más exigentes y prestigiosas del calendario ciclista, tras un duelo memorable con Tadej Pogacar que se resolvió en el velódromo de la ciudad francesa. El belga del equipo Visma-Lease a Bike conquistó así su primer adoquín dorado y cerró la puerta al esloveno, que aspiraba a convertirse en el primer ciclista de la historia en ganar los cinco monumentos en una misma temporada.

La carrera, disputada sobre los temibles tramos empedrados del norte de Francia, dejó fuera de combate a varios de los grandes favoritos antes de que se definiera el desenlace. Mathieu van der Poel, que buscaba su cuarta victoria consecutiva en la prueba, vio cómo su bicicleta quedaba destrozada en los adoquines del bosque de Arenberg, uno de los sectores más duros del recorrido. Su abandono prematuro alteró por completo el guion de la carrera y dejó el protagonismo en manos de Van Aert y Pogacar, que protagonizaron una batalla de casi 50 kilómetros hasta la meta.

Un ataque decisivo en Mons-en-Pévèle

El momento clave de la jornada se produjo en el tramo de Mons-en-Pévèle, uno de los sectores empedrados más técnicos y exigentes de todo el recorrido. Van Aert lanzó allí una aceleración que dejó al descubierto su estado de forma, obligando a Pogacar a emplearse a fondo para mantener su rueda. A partir de ese punto, el belga marcó el ritmo y controló la carrera con la inteligencia táctica que le caracteriza, sabiendo que en un esprint final sobre la pista del velódromo tendría opciones reales frente al esloveno.

Pogacar, por su parte, no tuvo una jornada sencilla. A 120 kilómetros de la llegada sufrió un pinchazo que le obligó a cambiar de bicicleta y a protagonizar una remontada contrarreloj para volver a conectar con la cabeza de carrera. Esa persecución, que en otro contexto habría resultado imposible, demostró una vez más la capacidad física descomunal del corredor del UAE Team Emirates, aunque el esfuerzo extra acabó pesando en los metros definitivos.

La recompensa a años de infortunio

Para Van Aert, la victoria representa mucho más que un triunfo deportivo. El belga había acumulado una larga lista de frustraciones en las grandes clásicas, con segundos y terceros puestos que parecían condenarlo a ser siempre el eterno aspirante en las pruebas de un día. En la París-Roubaix, concretamente, nunca había logrado subir al escalón más alto del podio, pese a ser considerado uno de los corredores más polivalentes de su generación.

Su palmarés ya incluía una Milán-San Remo, lograda en la edición especial disputada en verano durante la pandemia de 2020, y había estado a centímetros de ganar el Tour de Flandes ese mismo año. Pero la Roubaix se le resistía, y las lesiones tampoco le habían dado tregua. La más grave, una caída en la Vuelta a España camino de los Lagos de Covadonga, le provocó una lesión severa de rodilla que puso en peligro su carrera.

La emoción del ciclista de Herentals al cruzar la línea de meta resultó desbordante. Van Aert rompió a llorar y se fundió en un abrazo con su pareja y sus dos hijos, a quienes dedicó unas palabras que resumían años de perseverancia. Pero la dedicatoria más sentida fue para Michael Goolaerts, su antiguo compañero de equipo que falleció durante la París-Roubaix de 2018 tras sufrir un paro cardíaco. Van Aert levantó el dedo al cielo en su honor, un gesto que llevaba ocho años esperando poder realizar en esa carrera concreta.

Pogacar se queda sin el pleno histórico

Con esta derrota, Pogacar ve cómo se desvanece la posibilidad de lograr algo que ni siquiera Eddy Merckx consiguió: ganar los cinco monumentos del ciclismo en un mismo curso. El esloveno ya había sumado la Milán-San Remo, la Lieja-Bastoña-Lieja, el Giro de Lombardía y el Tour de Flandes, pero la Roubaix se le escapó cuando más cerca estuvo de completar el póquer imposible.

Sin embargo, la actuación de Pogacar sobre los adoquines franceses fue notable por derecho propio. Su capacidad para sobreponerse al pinchazo y mantenerse en la pelea hasta el final confirma que el corredor de 26 años sigue siendo el dominador absoluto del pelotón internacional. No resulta descartable que, animado precisamente por lo cerca que estuvo, vuelva a inscribirse en la París-Roubaix del próximo año para intentar cerrar la cuenta pendiente, algo que según varios analistas del ciclismo beneficiaría enormemente al espectáculo de la prueba.

La carrera de este domingo también confirmó que la Roubaix exige cualidades distintas a las de otras grandes pruebas. No basta con la potencia bruta ni con la capacidad en las subidas. Los adoquines del norte de Francia premian el peso, la experiencia, la resistencia a los golpes mecánicos y, sobre todo, la paciencia para elegir el momento exacto de atacar. Van Aert reunió todas esas virtudes y las ejecutó con una precisión que lo convierte en merecido ganador de una edición que pasará a la historia del ciclismo.

Para el belga, el adoquín dorado que se entrega al campeón de la París-Roubaix tiene un valor que trasciende lo deportivo. Es la confirmación de que su talento, tantas veces cuestionado por la mala suerte, encuentra al fin su recompensa en el escenario más duro del ciclismo de clásicas. A sus 30 años, Van Aert puede presumir de un palmarés que incluye victorias en contrarrelojes del Tour de Francia, etapas de montaña pasando primero por el Mont Ventoux y ahora el monumento que más se le resistía. El ciclista que todos los equipos querrían tener ya tiene su lingote de oro con forma de adoquín.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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