Pagar una multa nunca sienta bien, pero lo que hizo un cliente en una sucursal bancaria de un pueblo español convirtió un trámite rutinario en una escena difícil de olvidar. El hombre, molesto con la sanción que debía abonar, se presentó en la oficina con 750 euros íntegramente en monedas de un céntimo, es decir, 75.000 piezas, con la intención de complicarle el día al banco. Lo que no esperaba es que la lección se la llevaría él.
Isabel Capdevila, experta financiera y exsubdirectora de una entidad bancaria, narró el episodio en su cuenta de X (antes Twitter), donde el hilo se viralizó rápidamente. Según su relato, el hombre no era cliente del banco pero no tenía otra opción: era el único establecimiento disponible en el municipio para gestionar el pago de la multa. Llegó con las monedas, según Capdevila, cargado de rabia y con ganas de fastidiar a alguien.
El primer paso del banco fue ofrecerle los llamados blisters, unos pequeños tubos de plástico estandarizados para clasificar y agrupar monedas por denominación. La entidad le dejó claro desde el principio que, en contra de lo que mucha gente cree, los bancos no están obligados a contar monedas de forma gratuita, según recoge la normativa del Banco de España sobre servicios de pago y comisiones. El cliente, sin embargo, no tenía intención de colaborar.
En lugar de aceptar los blisters y ponerse a trabajar, el hombre optó por romper la bolsa. Las 75.000 monedas se desparramaron por el mostrador, el suelo y, según Capdevila, por sitios que nadie habría imaginado. La oficina quedó sembrada de céntimos. El gesto, pensado como una forma de rebelarse contra el sistema, marcó el punto de inflexión de la historia.
Cuando la situación se calmó, la directora le comunicó al cliente el importe de la comisión por el servicio de recuento: 10 euros por cada 500 monedas contadas, un trabajo que correspondía realizar a la empresa externa PROSEUR, especializada en este tipo de gestiones. Con 75.000 monedas en juego, la cifra ascendía a 15 euros adicionales. Además, el recuento no podría completarse hasta el día siguiente, lo que retrasaba el pago de la multa. Y, por si fuera poco, si faltaba alguna moneda, tendría que ponerla de su bolsillo.
El cliente reaccionó con gritos. Capdevila cuenta que casi la dejó sorda. En un momento dado, el hombre buscó en la web del Banco de España si esa comisión era legal, como si encontrar alguna irregularidad fuera a cambiar la situación. No la encontró, porque la comisión es perfectamente legítima dentro del marco regulatorio que rige los servicios bancarios en España.
Finalmente, el hombre recogió todas las monedas que pudo encontrar por la oficina, limpió el suelo y los mostradores, y tuvo que añadir dinero de su propio bolsillo porque en el recuento final faltaban algunas piezas. El intento de protesta le salió más caro, más lento y más humillante de lo que había planeado. La multa original siguió pendiente hasta el día siguiente, cuando PROSEUR completó el recuento y se pudo formalizar el pago.
El caso ilustra varios aspectos del funcionamiento bancario que muchos desconocen. Las entidades no están obligadas por ley a aceptar grandes volúmenes de monedas sin cobrar por ello, especialmente cuando el cliente no forma parte de su cartera. Según la normativa europea sobre el euro como moneda de curso legal, los billetes y monedas son de aceptación obligatoria para saldar deudas, pero eso no implica que cualquier entidad deba asumir los costes operativos de gestionar cantidades masivas de piezas pequeñas sin ningún tipo de compensación. Los bancos pueden establecer comisiones para estos servicios siempre que estén debidamente publicadas y el cliente sea informado con antelación.
El relato de Capdevila terminó con una frase que resume bien la moraleja: "Cuidado con las chulerías". Lo que empezó como un intento de venganza simbólica contra una institución acabó con el protagonista de rodillas recogiendo céntimos del suelo de una sucursal bancaria en un pueblo. La historia recorrió las redes sociales durante días, con miles de usuarios compartiendo experiencias similares o simplemente celebrando el desenlace.