El Levante ganó este jueves al Sevilla por 2-0 en un partido que puede marcar un antes y un después en la lucha por la permanencia. Los dos goles llegaron de los pies de Iván Romero, canterano del propio Sevilla, que convirtió la noche en una pesadilla para su exclub. Con esta victoria, los granotas se quedan a un punto del Alavés y a dos del Sevilla, con el golaverage favorable, lo que convierte la salvación en un objetivo real y cercano.
El encuentro comenzó con un episodio polémico que pudo cambiar el guion por completo. Antes del minuto tres, el colegiado Sánchez Martínez señaló penalti por una caída de Iván Romero en el área tras un contacto con Gudelj. La decisión no aguantó la revisión del VAR: había contacto, pero el cuerpo arbitral entendió que fue más buscado por el atacante que provocado por el defensor. El árbitro acudió al monitor y anuló la pena máxima. El Sevilla se salvó, pero solo de momento.
Tras ese arranque, el partido entró en una fase de equilibrio donde ninguno de los dos equipos tomaba el mando con claridad. Tanto el Levante como el Sevilla preferían esperar al error del rival antes de arriesgar. Sin embargo, los locales, dirigidos por Luís Castro, transmitían más intensidad y peligro en cada acción. Esa diferencia de actitud acabó traduciéndose en el marcador justo cuando se agotaba el primer tiempo.
El primer gol fue una combinación de brillantez local y torpeza visitante. Olasagasti filtró un pase picado de calidad, y Romero conectó una volea que no dejó opción al portero. Pero la defensa del Sevilla tuvo una actuación lamentable en esa jugada de estrategia: esperaban un centro convencional y el balón les sorprendió a la espalda sin que nadie reaccionara. Manu Bueno, en concreto, quedó muy expuesto en la marca.
La segunda parte no cambió el guion
El Sevilla salió de vestuarios con algo más de intensidad. Durante los primeros compases del segundo tiempo generó más peligro que en los cuarenta y cinco minutos anteriores, y Vargas tuvo la ocasión más clara de ese arreón. Sin embargo, el centrocampista suizo optó por disparar desde fuera del área en lugar de servir el balón a Akor Adams, que pedía el pase en posición inmejorable. Ese tipo de decisiones resumen bien los problemas de un equipo que lleva semanas sin encontrar su mejor versión.
A medida que avanzaba el partido, el Sevilla fue perdiendo presencia en el campo mientras el Levante ganaba confianza con los cambios. Los granotas contaron con la suerte de cara cuando Espí, en dos acciones claras, no acertó a definir. De haber marcado, el 2-0 hubiera llegado antes y con menos sufrimiento. Por si fuera poco, Sánchez Martínez volvió a errar, esta vez en sentido contrario: señaló unas manos de Pablo Martínez en el área que el VAR anuló al considerarlas no punibles. No fue la mejor noche del colegiado.
Con el Sevilla volcado hacia adelante y sin argumentos futbolísticos claros, el Levante ejecutó la contra definitiva. Etta Eyong inició la jugada, Arriaga la aceleró con inteligencia y velocidad, y el balón acabó en los pies de Iván Romero para que completara el doblete. Un remate frío, eficaz, que cerró el marcador y mandó un mensaje inequívoco al resto de equipos de la zona baja.
¿Qué significa este resultado en la tabla?
La victoria del Levante tiene un valor enorme en el contexto de la temporada. Según los datos actuales de LaLiga, los granotas siguen en zona de descenso, pero la distancia con los equipos que están por encima se ha reducido considerablemente. A un punto del Alavés y a dos del Sevilla, con el golaverage favorable frente a los hispalenses, el equipo de Luís Castro tiene ahora el control parcial de su destino. Ganar los partidos que restan puede ser suficiente para mantenerse en Primera División.
Para el Sevilla, en cambio, la situación se vuelve cada vez más angustiosa. El equipo dirigido por Luis García Plaza no encuentra la regularidad necesaria y acumula una dinámica negativa que le tiene atrapado en la zona de peligro. Con un calendario que aún deparará cruces decisivos, los hispalenses necesitan una reacción urgente si quieren evitar el descenso a Segunda División por primera vez en décadas.