El Real Madrid se quedó sin final de Champions de la manera más dolorosa posible. En el minuto 86, con la eliminatoria contra el Bayern empatada y la prórroga en el horizonte, el árbitro esloveno Slavko Vincic mostró la segunda amarilla a Eduardo Camavinga por desplazar el balón unos metros tras cometer una falta sobre Harry Kane. La expulsión, que dejó al equipo blanco con diez hombres en el tramo definitivo del partido, ha generado una reacción de indignación generalizada en el seno del club y entre los analistas arbitrales.
Alfonso Pérez Burrull, analista arbitral de Radio MARCA, fue contundente al valorar la decisión de Vincic en el programa 'Marcador': el árbitro mostró la segunda tarjeta a Camavinga por retener el balón apenas tres segundos, una acción que, a juicio del experto, no merece en ningún caso la expulsión. Burrull subrayó que la decisión es absolutamente desproporcionada teniendo en cuenta lo que se estaban jugando los equipos y el momento del partido. El analista fue más allá y calificó la actuación del colegiado de rozar el abuso de autoridad, una expresión que resume el malestar extendido entre los seguidores y el entorno madridista.
Camavinga había entrado al campo en la segunda mitad y apenas estuvo 24 minutos sobre el césped. Su tarde acabó de forma abrupta tras acumular dos amonestaciones en solo nueve minutos. La primera, en el minuto 77, llegó por un agarrón táctico sobre Jamal Musiala, una acción habitual en este tipo de encuentros de alta intensidad y que, por sí sola, no generó gran controversia. La segunda, en el 86, fue la que encendió todas las alarmas: tras cometer una falta sobre el delantero del Bayern, el centrocampista francés movió el balón un par de metros, gesto que Vincic interpretó como una obstrucción deliberada y sancionó con la cartulina que significaba la expulsión automática.
Las reacciones en el vestuario madridista no se hicieron esperar. Álvaro Arbeloa, presente en la zona mixta del Allianz Arena, declaró que la expulsión es inexplicable y que no existe justificación posible para echar a un jugador del campo por una acción de ese tipo. Jude Bellingham, uno de los futbolistas más influyentes del equipo, describió la decisión como una broma y tuvo que ser calmado por sus compañeros tras el pitido final. La frustración fue tan grande que Arda Güler acabó viendo la tarjeta roja directa por sus protestas al colegiado una vez terminado el encuentro, lo que le costará también una sanción.
Más allá de la indignación puntual, el episodio tiene un componente adicional que añade dramatismo a la situación. Camavinga ya fue expulsado la temporada pasada en la eliminatoria de Champions ante el Arsenal exactamente por el mismo motivo: retener o desplazar el balón teniendo ya una tarjeta amarilla en el bolsillo. Que el mismo jugador repita la misma infracción en el mismo torneo, con idénticas consecuencias, es un dato que no pasa desapercibido. El error se convierte así en un patrón que el centrocampista galo deberá corregir si quiere evitar que su participación en los partidos clave de Europa siga terminando de forma prematura.
El debate de fondo, sin embargo, va más allá del jugador y apunta directamente a la interpretación del reglamento. La UEFA contempla la posibilidad de amonestar a un jugador por retrasar la reanudación del juego, y esa es la norma que Vincic aplicó en el minuto 86. El problema, según los críticos, es la proporcionalidad: aplicar esa regla con máxima rigidez en un momento decisivo de una semifinal, cuando el gesto apenas dura tres segundos, es una decisión que muchos consideran excesiva. El reglamento da margen al árbitro para valorar la intención y la gravedad de la acción, y es ahí donde la actuación de Vincic ha generado más dudas.
Este tipo de polémicas arbitrales en partidos de alta relevancia vuelven a poner sobre la mesa la discusión sobre el papel del VAR en las amonestaciones. Actualmente, el protocolo del VAR en competiciones UEFA no permite revisar tarjetas amarillas, solo roja directa o errores de identidad. Eso significa que la segunda amarilla a Camavinga, por debatible que sea, no podía ser revisada ni anulada por el equipo de videoarbitraje. Una limitación que, a raíz de incidentes como este, vuelve a estar en el centro del debate sobre la modernización del arbitraje en el fútbol europeo.
El Real Madrid queda eliminado de la Champions y tendrá que esperar otra temporada para intentar sumar una nueva Copa de Europa. La actuación de Vincic, independientemente de si se ajusta o no a la letra del reglamento, ha eclipsado el debate deportivo y ha convertido una noche gris en el Allianz Arena en una de las más polémicas de la reciente historia del club en Europa.