El Barcelona llega al Metropolitano con dos goles en contra y la necesidad de firmar una remontada ante el Atlético de Madrid para seguir vivo en la Champions League. Sin embargo, el ambiente en el vestuario culé dista mucho de ser de resignación: los jugadores se han conjurado bajo el mismo grito que les despidió el sábado desde las gradas del Spotify Camp Nou tras ganar el derbi al Espanyol. "Sí, se puede" es ya el lema con el que el equipo enfrenta el martes uno de los partidos más exigentes de la temporada.
La misión no es sencilla. El Atlético de Madrid es el equipo más sólido en casa de toda LaLiga esta temporada: en sus 23 partidos como local acumula 19 victorias, un empate y solo tres derrotas, siendo la más reciente precisamente ante el Barça en el torneo doméstico. Remontar un 0-2 en el Metropolitano, ante un rival de ese nivel, exige que el Barça exhiba su mejor versión en todos los aspectos del juego, y los propios futbolistas lo saben.
Hansi Flick fue claro en la rueda de prensa posterior al derbi: "No necesitamos un milagro, necesitamos hacer un buen partido, y eso podemos hacerlo", señaló el técnico alemán, quien añadió que el Atlético es un rival "fantástico" pero que su equipo tiene la capacidad de revertir la eliminatoria. Ese mismo mensaje lo ha trasladado al vestuario, donde ha encontrado una respuesta unánime. Todos los jugadores asumen que la calidad por sí sola no será suficiente y que el nivel de compromiso, intensidad y sacrificio tendrá que ser máximo durante los noventa minutos.
En el seno del club, la motivación viene también desde arriba. La junta directiva y la cúpula del Barcelona han transmitido al equipo su confianza en que la remontada es posible. La consigna es clara: este es el partido de la temporada. El Barça ya se despidió de la Copa del Rey precisamente ante el Atlético, y no quiere repetir la experiencia ahora en Europa, donde ganar la Champions es el objetivo principal de este curso.
El equipo llega a esta cita en un momento de forma notable. Lidera LaLiga con autoridad y suma la Supercopa entre sus títulos de la temporada, pero la plantilla es consciente de que el gran reto está en Europa. Con esa mentalidad, el vestuario ha cerrado filas y el 'sí, se puede' ha pasado de ser un cántico de la afición a convertirse en el motor que mueve al equipo en las horas previas a uno de los duelos más importantes del año.