El Atlético de Madrid lleva semanas encadenando resultados que nadie esperaba cuando acabó la primera vuelta de la temporada. El conjunto de Diego Pablo Simeone cerró este martes su pase a las semifinales de la Liga de Campeones al superar al FC Barcelona en el Metropolitano, completando así una eliminatoria que arrancó con una victoria por sorpresa en el Camp Nou gracias a los goles de Julián Álvarez y Alexander Sorloth. Lo que parecía una campaña de transición empieza a tomar otra forma.
La vuelta en el Metropolitano no fue sencilla. El Barcelona salió enchufado y, en los primeros compases del partido, Lamine Yamal y Ferran Torres anotaron dos tantos que igualaban la eliminatoria sobre el marcador global. El equipo de Hansi Flick había remontado y tenía el viento a favor, pero no supo administrar la ventaja. En su primera salida en contragolpe del Atlético, Ademola Lookman volvió a aparecer para devolver la ventaja a los locales antes del descanso. Fue el golpe definitivo. La segunda mitad fue un ejercicio de solidez defensiva colchonera: orden, sacrificio y cero concesiones hasta el pitido final.
Con este resultado, el Atlético regresa a las semifinales de la UEFA Champions League por primera vez desde la temporada 2016-17, cuando también llegaron lejos en la competición antes de caer ante la Juventus. Han pasado casi diez años desde entonces, y el club lleva igualmente sin ganar la Liga desde 2021. El contexto hace que este tramo de temporada tenga una relevancia especial tanto deportiva como institucional.
En el otro lado del cuadro espera el Paris Saint-Germain, que ya conoce su presencia en semifinales. El rival del Atlético saldrá del duelo entre Arsenal y Sporting CP de Lisboa, una eliminatoria donde los ingleses parten con ventaja tras el tanto de Kai Havertz en el descuento en el Estádio José Alvalade durante el partido de ida. Pero el equipo de Simeone no puede pensar todavía en Europa: el calendario manda.
El sábado, el Atlético de Madrid se planta en La Cartuja de Sevilla para disputar la final de la Copa del Rey frente a la Real Sociedad. Un título que los rojiblancos no levantan desde 2013, cuando ganaron el trofeo ante el Real Madrid en el mismo estadio sevillano. La coincidencia geográfica no es el único paralelismo: entonces también llegaban en un momento de crecimiento del proyecto de Simeone, que acabaría llevando al equipo a su mejor época reciente.
El principal handicap es físico. El Atlético jugó este martes con la cabeza puesta también en el sábado, y eso implica llegar a la final con menos días de recuperación que la Real Sociedad, que no ha tenido que disputar eliminatoria europea esta semana. El equipo de Imanol Alguacil, o quien sea que esté al frente del banquillo txuri-urdin en estas fechas, llega más fresco. Esa diferencia podría notarse en los últimos minutos de un partido que, en una final, tiende a decidirse en los detalles.
Sin embargo, el Atlético tiene a su favor algo que no se mide en estadísticas: el estado de ánimo. Eliminar al Barcelona en el Metropolitano, en una noche de presión máxima, genera una inercia que vale tanto como cualquier semana de descanso. Los jugadores de Simeone saben que pueden competir contra cualquiera, y ese convencimiento es un activo real en partidos de alta tensión como una final de Copa del Rey.
Además, el Atlético esquivó la prórroga, lo que significa que las piernas llegaron relativamente enteras al final del encuentro. En un escenario donde cualquier minuto extra cuenta, haber cerrado el pase en los noventa minutos reglamentarios es un alivio logístico y físico nada menor.
Lo que el Atlético de Madrid tiene por delante en los próximos días es inusual para lo que ha sido su temporada hasta hace poco. Primero, intentar ganar la Copa del Rey el sábado en Sevilla. Después, preparar unas semifinales de Champions que los sitúan entre los cuatro mejores equipos de Europa. Si el equipo de Simeone consigue cerrar ambos objetivos, estaríamos ante una de las temporadas más completas de la era del técnico argentino en el banquillo rojiblanco, que lleva en el cargo desde 2011. La primera parte del trato está firmada. Ahora toca ejecutar la segunda.