Adolfo Acosta, reconocido como una figura clave, cumple 25 años con la selección española de fútbol-5 para ciegos. Debutó en el Campeonato de Europa celebrado en París en 2001, y desde entonces ha sido fundamental para el equipo nacional.
El canario recuerda con claridad su primer torneo. Relata que fue en el tercer partido, contra Francia, cuando un comentario del seleccionador sobre un compañero le hizo confiar y pasar a la titularidad. Esa experiencia marcó el inicio de una carrera que se ha extendido un cuarto de siglo.
Acosta comenzó a jugar al fútbol desde niño, aunque con una visión cada vez más limitada debido a la retinosis pigmentaria, una enfermedad que afecta a la retina y reduce progresivamente el campo visual. Él explica cómo esa patología transforma la visión en un "tubo" con un punto de luz muy pequeño. En sus primeros años usaba gafas con aumentos y más adelante necesitó el bastón para desplazarse.
El punto de inflexión llegó con el fútbol para ciegos en los colegios de la ONCE, donde descubrió que este deporte era una verdadera liberación. Practicaba los fines de semana con porteros ciegos sin guías, una circunstancia que potenció sus habilidades y autonomía en la cancha. Esto, según él, ha sido crucial para su desempeño durante todo este tiempo en el equipo español.
Su palmarés es destacado: participó en 10 Campeonatos de Europa, ganando seis, y obtuvo medallas de plata y bronce en otros cuatro torneos. En cinco Mundiales logró dos platas y dos bronces, y en cinco Juegos Paralímpicos conquistó dos medallas de bronce. Esta trayectoria demuestra no solo su talento sino también su constancia y compromiso.
Acosta sostiene que no tiene una fórmula para mantenerse tanto tiempo en la élite. Destaca que ha sido una suerte poder dedicarse a algo que lo llena, enfrentándose a victorias y derrotas, y aprendiendo en cada paso. Entre los momentos que más valora está la ceremonia de apertura de los Juegos Paralímpicos de Atenas 2004, primera edición en la que el fútbol para ciegos fue deporte oficial.
Sin embargo, también recuerda como desilusión el no poder clasificarse para los Juegos de Río 2016. La selección española no logró la clasificación directamente y solo accedió tras la sanción a Rusia, pero fue demasiado tarde para preparar la cita con garantías.
Como capitán, Acosta ha sido testigo de la renovación generacional del equipo y se mantiene optimista de cara al futuro. Reconoce que tanto los jugadores veteranos como los más jóvenes comparten el mismo objetivo: devolver a España a la élite mundial. Actualmente, el equipo trabaja con entusiasmo para el próximo Europeo y mantiene la ilusión en alto, aunque sin fijarse objetivos excesivos a corto plazo.
Su gran meta es volver a participar en unos Juegos Paralímpicos, especialmente tras no lograr la plaza para París 2024. De forma clara, señala que Los Ángeles 2028 son el objetivo prioritario, describiéndolos como una motivación fundamental para el equipo. Su mentalidad refleja el compromiso del deporte paralímpico: avanzar paso a paso y mantener siempre la ambición.
La historia de Adolfo Acosta es un ejemplo de superación personal y deportiva, de cómo el fútbol puede convertirse en una herramienta no solo de competencia, sino de liberación y crecimiento. Con el apoyo y la formación que brinda la ONCE, y un equipo comprometido, la selección española de fútbol-5 para ciegos aspira a seguir creciendo y haciendo historia.
Puedes consultar más información sobre el fútbol para ciegos y los Juegos Paralímpicos en la web del Comité Paralímpico Español y en la página oficial de la ONCE.