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Trivia en señales para no dormirse al volante

Australia combate la hipnosis de carretera en sus rectas infinitas con carteles de preguntas y respuestas

Por Carlos García·lunes, 13 de abril de 2026·4 min lectura
Ilustración: Trivia en señales para no dormirse al volante · El Diario Joven

Australia tiene algunas de las carreteras más peligrosas del mundo, pero no por sus curvas peligrosas ni su mal pavimento. El problema es el contrario: son demasiado largas, demasiado rectas y demasiado vacías. Y esa monotonía puede matar.

El caso más extremo es la Eyre Highway, que atraviesa la llanura de Nullarbor Plain con una recta de 146,6 kilómetros sin una sola curva, considerada la segunda más larga del mundo solo por detrás de una carretera de Arabia Saudí. A 110 km/h, el límite legal, eso son casi hora y media mirando al frente sin ningún estímulo que obligue al cerebro a reaccionar. La Stuart Highway, que cruza el continente de norte a sur durante más de 2.700 kilómetros, o la Barkly Highway en plena meseta árida de Queensland tienen perfiles similares: calor extremo, paisaje sin variación y gasolineras separadas por cientos de kilómetros.

Ese entorno tiene un nombre clínico: hipnosis de carretera, también llamada fiebre de la línea blanca. No es simplemente cansancio. Es un estado mental alterado en el que el conductor sigue respondiendo a estímulos básicos, mantiene la velocidad y no se sale de su carril, pero sin ser consciente de lo que hace. El cerebro en piloto automático. Según investigaciones sobre fatiga cognitiva al volante, ese estado puede alcanzarse en apenas 20 minutos de conducción monótona. En Queensland, la fatiga causa entre el 20 y el 30% de las muertes en carretera.

La respuesta de las autoridades australianas lleva más de una década funcionando y es llamativamente sencilla: carteles amarillos con preguntas de trivia. Desde 2012, el departamento de transportes de Queensland empezó a instalar señales en las zonas más peligrosas que avisan al conductor de que está entrando en una "Fatigue Zone" y que a partir de ese punto encontrará preguntas diseminadas a lo largo del trazado. Unos kilómetros más adelante, la respuesta. ¿Quién fue el primer ministro de Queensland? Robert Herbert. Y así durante todo el tramo.

El mecanismo es exactamente el que describe la neurociencia: introducir un estímulo inesperado que fuerce al cerebro a salir del modo automático. El conductor tiene que leer, procesar, recordar y, si viaja acompañado, debatir. Luego esperar la respuesta. Una pequeña trampa cognitiva para mantener la mente activa. La profesora Narelle Haworth, directora del Centre for Accident Research and Road Safety de Queensland, respalda la iniciativa aunque con matices: reconoce que el objetivo está alineado con la investigación en seguridad vial, pero admite que no existe ningún estudio que haya medido su impacto real de forma rigurosa.

La medida tiene también sus límites. Los conductores habituales que repiten ruta acaban memorizando las preguntas y el efecto desaparece. Hay además un riesgo moderno y bastante obvio: que alguien saque el móvil para buscar la respuesta en Google. Y en ningún caso sustituye al descanso, que sigue siendo la única solución efectiva contra la fatiga severa. Desde 2024, el municipio de Katherine en el Territorio del Norte ha extendido la iniciativa a la Stuart Highway, aunque sigue siendo una medida puntual y no una política nacional.

En la famosa recta de Nullarbor, por cierto, no hay trivia. Allí apuestan por bandas sonoras laterales, pavimentos ensanchados y señalización estándar de advertencia de fatiga. También tienen señales que avisan de tramos que funcionan como pistas de aterrizaje de emergencia, lo cual dice bastante sobre el tipo de infraestructura que estamos hablando.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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