El gigante chino de las baterías CATL, responsable del 37% del mercado mundial de baterías para coches eléctricos, ha decidido pisar el acelerador en un terreno que lleva explorando desde 2017: la electrificación del transporte marítimo. La compañía ya ha instalado sus sistemas en cerca de 900 embarcaciones —sobre todo barcos pequeños que operan en ríos, puertos y aguas costeras de China— y ahora quiere dar el salto a operaciones más ambiciosas.
La filial naval de CATL, dirigida por Su Yi, tiene previsto más que duplicar su plantilla este año hasta alcanzar las 500 personas, según informaciones publicadas por el Financial Times. La apuesta llega en un momento en el que el sector marítimo, responsable del 3% de las emisiones globales de carbono, se enfrenta a objetivos climáticos cada vez más exigentes. La Organización Marítima Internacional se ha propuesto reducir a la mitad esas emisiones para 2050, lo que obliga a buscar alternativas reales a los combustibles fósiles.
La tensión geopolítica como catalizador
Pero no solo el clima empuja esta transformación. La reciente escalada bélica en Oriente Medio y el cierre temporal del estrecho de Ormuz han vuelto a evidenciar lo frágiles que son las cadenas de suministro energético globales. Según Neil Beveridge, analista de Bernstein especializado en energía en China, este tipo de crisis acelerará lo que él denomina una "megamigración global hacia la electrificación". Las acciones de CATL en la bolsa de Shenzhen han subido en torno a un 13% desde el estallido del conflicto con Irán.
Barcos eléctricos: el problema de la densidad energética
Pasar de electrificar coches a electrificar barcos no es un simple cambio de escala. Las baterías actuales tienen una densidad energética muy inferior a la de los combustibles convencionales, lo que las convierte en una opción poco viable para travesías oceánicas de larga distancia. Un estudio del Centro Mærsk Mc-Kinney Møller para la Navegación Cero Carbono concluye que, a corto plazo, la solución más realista pasa por sistemas híbridos que combinen propulsión eléctrica con motores de combustión. A eso hay que sumar los riesgos propios del entorno marino: humedad, salinidad, dificultades de evacuación en caso de incendio y unas exigencias de mantenimiento mucho más altas que en cualquier vehículo terrestre.
Intercambio de baterías en puerto, como en los camiones
La estrategia de CATL no se limita a fabricar y vender baterías. La empresa quiere replicar en el mar el modelo que ya aplica en carretera con sus estaciones de intercambio de baterías para camiones en autopistas chinas. La idea es que los operadores de barcos puedan sustituir sus baterías agotadas por otras cargadas directamente en puerto, eliminando tiempos de espera y reduciendo el coste de adquisición de los buques. Para ello, la compañía trabaja con ayuntamientos y autoridades portuarias en ciudades como Guangzhou, uno de los principales centros de construcción naval de China, que ya ofrece subvenciones a embarcaciones con propulsión eléctrica.
Hay un detalle personal que da contexto a toda esta apuesta: Robin Zeng, fundador de CATL, estudió ingeniería naval en la universidad antes de dar el salto a la electrónica. "La ingeniería naval era su disciplina y su pasión originales", reconoció Su Yi. Esa vocación juvenil podría acabar marcando la próxima gran transformación industrial de su empresa.
Músculo financiero para aguantar la incertidumbre
CATL cerró 2025 con un beneficio neto de 72.200 millones de yuanes, equivalentes a unos 10.400 millones de dólares, lo que supone un incremento del 42% respecto al ejercicio anterior, impulsado fundamentalmente por la demanda de almacenamiento energético. Esa solidez financiera le permite invertir a largo plazo en un sector donde los márgenes todavía no están claros y la tecnología sigue madurando. El mar es enorme, pero CATL parece tener recursos y paciencia para intentar conquistarlo.