Las imágenes que adornaban las iglesias durante la Edad Media no solo transmitían enseñanzas religiosas o relatos de santos a través de lo visual. Una investigación reciente, liderada por el especialista Britton Elliott Brooks desde la Universidad de Kyushu (Japón), demuestra que estas representaciones lograban activar, en quienes las contemplaban, paisajes sonoros imaginados que hacían la experiencia religiosa más profunda y multisensorial. El estudio, publicado en la revista Religions, ayuda a entender cómo quienes asistían a misa podían "oír" en su mente los sonidos sugeridos por pinturas y manuscritos ilustrados al margen de la liturgia o el canto eclesiástico.
La investigación se centra en el "Harley Roll", un manuscrito inglés del siglo XII que narra pasajes de la vida de San Guthlac en varias escenas circulares pintadas. Según Brooks, cuando los fieles observaban imágenes de viajes en barco, acciones constructivas o relatos de milagros y luchas sobrenaturales, no solo captaban el mensaje visual, sino que evocaban mentalmente sonidos del agua, el golpeteo de los remos, el viento, los golpes de martillo o los rugidos de bestias. El resultado era una experiencia más rica y envolvente, en la que la memoria auditiva actuaba como puente entre el espectador y lo sagrado.
El contexto social de la época explica parte de este fenómeno. Durante los siglos XII y XIII, el acceso al material textual era escaso y la mayoría de la población no sabía leer en latín, idioma predominante en los textos eclesiásticos. Así, el componente visual tenía un papel fundamental para transmitir mensajes a todos los públicos. Sin embargo, según el estudio de Brooks, el arte religioso medieval iba más allá del simple recurso didáctico dirigido a un público analfabeto. Al sugerir sentimientos y recuerdos a través del sonido, las imágenes permitían que hasta los fieles de clase humilde sintieran una conexión directa y emocional con las historias sagradas, reforzando su experiencia personal de la fe.
En el análisis del "Harley Roll", algunas escenas resultan especialmente reveladoras. Una muestra a San Guthlac navegando en barco hacia Crowland, en una travesía que evoca el ruido de las olas, el crujido de las velas y el golpeteo de los remos sobre el agua; detalles visuales como las velas infladas o las olas curvadas funcionan como desencadenantes para estos recuerdos auditivos. Otra imagen presenta al santo alzando una ermita junto a varios obreros, lo que activa en la memoria del espectador sonidos de martillos, piedras y cuerdas bajo tensión.
Para Brooks, este efecto no era solo fruto de la casualidad. El investigador diferencia entre una "sonorización" intencional, cuando los detalles visuales se diseñaban específicamente para sugerir un determinado sonido, y otra involuntaria, que surge cuando el espectador completa la escena con estímulos de su propia experiencia cotidiana. Así, las imágenes religiosas podían articular, de forma más o menos consciente, la visión, la memoria sensorial y la devoción espiritual para hacer que la vivencia en el templo fuera mucho más cercana y participativa.
Esta teoría conecta con otras líneas de estudio sobre la importancia de la experiencia sonora en la religiosidad medieval. En una época en la que la palabra hablada tenía gran protagonismo, la oración en voz alta, los cánticos litúrgicos y la narración oral eran clave en el ritual religioso y, por tanto, en la construcción de lo sagrado. Sumando ahora el elemento visual activador de recuerdos auditivos, se entiende mejor el carácter multisensorial de la fe cristiana en la Edad Media.
La aportación de Brooks se suma a otros estudios recientes sobre cultura material y formas de percepción religiosa. Su investigación, basada en metodologías de análisis sensorial y psicología de la memoria, sugiere que el arte medieval estaba pensado para estimular todos los sentidos, no solo la vista. Así se favorecía una experiencia más intensa, en la que incluso aquellos sin acceso a la palabra escrita podían vivir el culto como un acontecimiento pleno y cercano, según los investigadores de Religions.
Estas conclusiones abren nuevas perspectivas para la interpretación del arte religioso y su función social, tanto en el ámbito histórico como en la conservación y exposición actual del patrimonio. La capacidad de las imágenes para activar recuerdos y sensaciones auditivas no solo enriquece nuestro conocimiento sobre la espiritualidad medieval, sino que plantea preguntas sobre el papel de la imagen y el sonido en las prácticas colectivas contemporáneas.
Para más detalles sobre el estudio y su contexto, se puede consultar el artículo original “Material Aurality: Sound Milieu(s) in the Guthlac Roll” de Britton Elliott Brooks, publicado en Religions, así como la nota de prensa de la Universidad de Kyushu.