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Hórreos, sidra y Laboral: el patrimonio que Asturias tardó en valorar

El reconocimiento reciente de varios símbolos asturianos abre el debate sobre la relación de la región con su propia identidad cultural.

Por Carlos García·lunes, 13 de abril de 2026·3 min lectura
Ilustración: Hórreos, sidra y Laboral: el patrimonio que Asturias tardó e · El Diario Joven

Asturias acumula reconocimientos. En los últimos meses, los hórreos del norte de España han obtenido la categoría de Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial por parte del Gobierno central, un paso previo para una posible declaración como Patrimonio de la Humanidad. El conjunto destacado en esa figura —que abarca Galicia, Cantabria, País Vasco, Navarra y León— tiene en los hórreos asturianos su máxima expresión por número y diversidad tipológica. Un motivo de orgullo, sí, aunque también una pregunta incómoda: ¿por qué ha tardado tanto?

A ese reconocimiento se suma el impulso para que la Universidad Laboral de Gijón opte a ser declarada Patrimonio Mundial. El Gobiernu d'Asturies, la Xunta de Galicia y el Ayuntamiento de Gijón han logrado que el edificio entre en la Lista Indicativa del Ministerio de Cultura, un requisito indispensable para cualquier candidatura ante la Unesco. Un hito relevante para una infraestructura que durante décadas fue ignorada —y en ocasiones activamente despreciada— por buena parte de la sociedad asturiana. Solo la constancia de colectivos como la Asociación de Antiguos Alumnos mantuvo viva la llama de su valor arquitectónico e histórico.

El tercer hito es quizá el más llamativo en términos de contraste. En 2024, la Unesco declaró la Cultura Sidrera Asturiana Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, coronando décadas de trabajo de productores, llagareros y asociaciones. La sidra, bebida que durante años fue objeto de cierto menosprecio incluso dentro de sus fronteras naturales, es hoy un referente global de identidad regional.

Los tres casos comparten un mismo patrón: el reconocimiento exterior llega antes que la autoestima interior. Primero el mundo, luego Asturias. Es lo que podría llamarse una desnefelibatización tardía, un aterrizaje demorado desde las nubes del prejuicio hacia la realidad de lo propio. La editora Esther Prieto lo resumió con precisión quirúrgica al recoger La Nueva España sus palabras de jubilación: "Asturias necesita un psicólogo, uno muy bueno".

La buena noticia es que los reconocimientos llegan. La pregunta que queda abierta es si la región aprenderá a valorar lo suyo antes de que lo haga el resto del mundo.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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