Europa tiene un problema serio de financiación que no tiene que ver con la falta de ideas, sino con cómo se valoran esas ideas en los mercados de capital. La Oficina Europea de Propiedad Intelectual (EUIPO) acaba de publicar un informe que lo deja en negro sobre blanco: las empresas del continente pierden entre 30.000 y 120.000 millones de euros al año porque bancos y fondos de inversión se niegan a aceptar patentes, marcas o diseños registrados como garantía para conceder financiación.
El diagnóstico no es nuevo. El llamado Informe Draghi sobre la competitividad europea ya advirtió que hasta el 30% de los unicornios —startups valoradas en más de 1.000 millones de dólares— creados en la UE entre 2008 y 2021 terminaron mudando su sede fuera del continente, sobre todo a Estados Unidos. La principal razón: no encontraban en Europa el capital que necesitaban para crecer.
El núcleo del problema está en la composición de estas empresas tecnológicas y emergentes. Su valor no reside en fábricas ni en terrenos, sino en activos intangibles: sus patentes, sus marcas, sus algoritmos. El sistema financiero europeo, al contrario que el estadounidense, el chino o el coreano, no sabe —o no quiere— poner precio a ese tipo de bienes y utilizarlos como respaldo para conceder crédito. Según la EUIPO, solo el 13% de las empresas con derechos de propiedad intelectual ha intentado alguna vez financiarse a través de ellos, y la mayoría nunca ha encargado una valoración profesional de esos activos.
Las cifras de fondo revelan la magnitud de la paradoja. Los sectores intensivos en propiedad intelectual generan aproximadamente el 48% del PIB de la UE y cerca del 31% del empleo, según el propio informe. Sin embargo, ese enorme valor queda fuera del circuito financiero cuando una empresa necesita capital para escalar. El resultado es una brecha que, según los cálculos del estudio, podría traducirse en un impacto acumulativo sobre el PIB comunitario de entre 70.000 y 750.000 millones de euros, equivalente a entre el 0,4% y el 4,2% del PIB de la UE.
João Negrão, director ejecutivo de la EUIPO, lo resume así: muchas empresas prometedoras se marchan de Europa no porque les falte talento o ideas de valor, sino porque el sistema financiero del continente no reconoce el valor de sus activos intangibles cuando solicitan financiación para crecer. Una lectura que comparte Nathalie Berger, directora de Coordinación de la Competitividad de la Comisión Europea, quien señala que Europa sigue siendo demasiado lenta convirtiendo innovación en éxito comercial, a pesar de contar con universidades e investigadores de primer nivel.
La EUIPO propone actuar en cinco frentes para romper ese bloqueo: dar mayor visibilidad a los activos de propiedad intelectual, establecer métodos creíbles de valoración, impulsar su uso como garantía en operaciones de crédito, construir una base de datos empírica que respalde esas valoraciones y mejorar la coordinación entre todos los actores implicados —empresas, bancos, fondos e instituciones públicas—. El informe también apunta que las empresas deben trabajar en gestionar mejor su cartera de propiedad intelectual antes de acudir a buscar financiación, y que las entidades financieras necesitan formación específica para evaluar este tipo de activos con criterio y confianza.
La brecha entre el PIB per cápita de Estados Unidos y el de la UE pasó del 17% al 30% entre 2002 y 2023, y buena parte de ese distanciamiento se explica por el despegue tecnológico norteamericano. Cerrar esa distancia pasa, en gran medida, por resolver este nudo financiero que lleva años frenando a las empresas más innovadoras del continente.