España destinó el año pasado 40.200 millones de dólares (unos 34.265 millones de euros) a gasto militar, lo que supone un incremento del 50% respecto al ejercicio anterior. Es la primera vez desde 1994 —hace exactamente tres décadas— que el presupuesto de defensa español supera el 2% del PIB, situándose concretamente en el 2,1%. Los datos proceden del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI), organismo de referencia mundial en el análisis del gasto armamentístico, que publicó su informe anual este lunes.
El salto es significativo no solo en términos absolutos, sino también en el contexto geopolítico en el que se produce. Durante años, España fue uno de los países de la OTAN que más se alejaba del objetivo del 2% del PIB en defensa, un compromiso adquirido por los aliados en la cumbre de Gales de 2014. La presión de Washington para que los socios europeos asuman una mayor parte de la carga económica de la alianza, sumada a la guerra en Ucrania iniciada por Rusia en febrero de 2022, ha acelerado el proceso de rearme en toda Europa occidental.
El mayor salto europeo desde el fin de la Guerra Fría
España no es un caso aislado. El gasto militar de los países europeos miembros de la OTAN alcanzó en conjunto los 864.000 millones de dólares (unos 736.000 millones de euros), un 14% más que en el ejercicio previo. Según el SIPRI, se trata del mayor crecimiento anual registrado en Europa Central y Occidental desde la caída del Muro de Berlín. El contexto bélico en el este del continente y la nueva doctrina de seguridad que están adoptando los gobiernos europeos explican en buena medida esta tendencia.
En el caso español, la aceleración del gasto no es un fenómeno puntual. En la última década, la inversión en defensa ha crecido un 122%, lo que da una idea de la transformación gradual —aunque con un salto especialmente pronunciado en 2024— que ha experimentado el presupuesto militar del país. España ocupa ahora el puesto número 15 en el ranking global de gasto en defensa, dos posiciones por encima de su lugar en 2023, y concentra el 1,4% del total del gasto militar mundial.
Un gasto global en máximos desde 2009
El informe del SIPRI también refleja una fotografía más amplia del rearme global. El gasto militar mundial creció un 2,9% en términos reales durante 2024, impulsado principalmente por Europa y por la región de Asia-Oceanía. La cifra total ascendió a 2,89 billones de dólares (aproximadamente 2,45 billones de euros), el nivel más elevado desde 2009 y equivalente al 2,5% del PIB mundial. Es un dato que ilustra la magnitud del giro hacia la seguridad y la defensa que están dando los estados a escala planetaria.
Llama la atención que este incremento se haya producido a pesar de una caída en el gasto militar de Estados Unidos, históricamente el mayor inversor en defensa del mundo. Eso significa que el crecimiento global está siendo liderado, en esta ocasión, por otros actores, fundamentalmente los europeos y los países del Indo-Pacífico que observan con preocupación el ascenso militar de China.
España, la OTAN y el debate interno
El cumplimiento del objetivo del 2% del PIB en defensa ha sido uno de los asuntos más debatidos en la política española durante los últimos años. El compromiso adquirido en el seno de la OTAN generó tensiones en el seno del Gobierno de coalición, con sectores que cuestionaban la conveniencia de aumentar el presupuesto militar a este ritmo. Sin embargo, los datos del SIPRI confirman que España no solo ha cumplido el objetivo, sino que lo ha hecho con un salto especialmente notable en un único ejercicio.
El incremento del gasto se materializa a través del presupuesto del Ministerio de Defensa y de partidas adicionales distribuidas en otros ministerios, una contabilidad que en ocasiones ha generado controversia sobre cuáles son las cifras reales que España destina a sus fuerzas armadas. La metodología del SIPRI, que incluye todas las partidas relacionadas con la seguridad y la defensa nacional, arroja el resultado de 34.265 millones de euros.
Más allá del debate doméstico, el informe sitúa a España en un momento de inflexión en su política de defensa. El país se incorpora de forma definitiva al grupo de aliados que cumplen con los estándares de la OTAN, en un momento en que la propia alianza debate elevar ese umbral al 3% del PIB de cara a los próximos años. Si esa propuesta prosperase, España tendría por delante un nuevo reto presupuestario de considerable envergadura.