Avilés ha despedido con profunda emoción a Víctor Gaínza, sacerdote y figura destacada de la cultura y el compromiso social local, quien falleció a los 86 años en el Hospital de Avilés, centro donde ejerció como capellán durante décadas. La misa funeral se celebró en la iglesia de Santo Tomás de Canterbury, templo en el que Gaínza había pronunciado también su primera misa sacerdotal, un lugar emblemático para la comunidad que congregó a numerosos fieles y vecinos para recordar su figura y legado.
Durante la ceremonia, presidida por el obispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, se subrayó la profunda huella que Gaínza dejó en Avilés. No solo por su dedicación pastoral, sino también por su capacidad de conjugar la labor religiosa con la actividad docente y cultural. Gaínza fue profesor de lengua y literatura, y sus enseñanzas llegaron a varias generaciones, marcando especialmente por su sensibilidad y su fina ironía, que, según compañeros y alumnos, abrían horizontes en cada clase.
Además de su papel docente, Gaínza fue capellán en el Hospital de Avilés, donde acompañaba a pacientes y familias en momentos difíciles, ofreciendo consuelo y apoyo espiritual. Su cercanía y compromiso con los enfermos le hicieron merecedor de un gran aprecio en el entorno sanitario. Así mismo, promovió distintas iniciativas vinculadas a la cultura y el bienestar social en Avilés, formando parte de proyectos y actividades que integraban el arte y la solidaridad.
El sacerdote falleció el jueves en dicho hospital, poniendo fin a una vida larga y dedicada intensamente a los demás. Durante su trayectoria, Gaínza supo combinar su vocación con una intensa vida pública, participando en debates culturales y siendo un referente cercano para la comunidad avilesina. Su forma de entender la espiritualidad lejos de dogmatismos rígidos le hizo querido incluso entre quienes no compartían su fe.
Su despedida ha servido también para recordar el momento histórico del obispado en Avilés, en el que la figura del cura integra la historia religiosa y social de la ciudad. Santo Tomás de Canterbury es un símbolo de la parroquia donde ejerció y se convirtió en un espacio de encuentro y reflexión fomentado por su iniciativa. La misa ha sido reflejada en los medios regionales, destacando su legado y recordando su influencia en la educación y la comunidad médica local.
Víctor Gaínza se une a una generación de sacerdotes que fueron también educadores y agentes de cambio social en Asturias, especialmente en una época de transformación social y cultural. En este sentido, su trayectoria es emblemática y demuestra la importancia de liderazgos locales que combinan la fe con el compromiso social y cultural.
En resumen, Avilés pierde a un referente espiritual y cultural que supo transformar su entorno a través de una labor entregada y humana. Su legado sigue vivo en las familias, centros educativos y en el hospital donde fue presencia constante. Los actos en su honor reflejan la estima y el respeto de una ciudad que reconoce el valor de quienes están al servicio de los demás.
Para más información, puede consultarse la cobertura realizada por El Comercio y los comunicados oficiales del Obispado de Oviedo.