Hace exactamente un año, los mercados financieros vivieron uno de esos momentos que terminan generando jerga propia en Wall Street. Donald Trump, que había amenazado con una escalada arancelaria sin precedentes, dio marcha atrás de forma abrupta justo cuando la deuda pública estadounidense rozaba el colapso. Aquella pirueta política dio nombre a una estrategia de inversión que esta semana ha vuelto a demostrar su vigencia: el llamado TACO trade, acrónimo de Trump Always Chickens Out (Trump siempre se acobarda), un guiño a la tradición estadounidense de los Taco Tuesday.
El último episodio que ha puesto a prueba esta tesis se ha producido en torno al conflicto con Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente una quinta parte del petróleo y el gas que se consume en el mundo. Teherán mantiene el paso cerrado desde hace cinco semanas, y Trump lanzó su cuarto ultimátum para forzar su reapertura. La tensión se disparó con cuentas atrás retransmitidas en directo por medios israelíes y apuestas millonarias en plataformas como Polymarket. Sin embargo, a solo una hora de que expirase el plazo, la Casa Blanca anunció un alto el fuego de dos semanas. El patrón, una vez más, se cumplió.
El petróleo se desploma, las bolsas contienen la euforia
La reacción en los mercados de materias primas fue inmediata y contundente. El barril de Brent, que acumulaba una subida superior al 60 % desde el inicio de las hostilidades, se desplomó un 13 % el miércoles, registrando su mayor caída en una sola jornada en seis años. Al cierre de la semana, cotizaba en negativo respecto al inicio del periodo.
En las bolsas estadounidenses, la respuesta fue mucho más comedida. El S&P 500 apenas retrocedió un 0,16 % el martes, antes del giro de guion, y repuntó un 2,5 % tras conocerse la tregua. Desde entonces, el índice apenas se ha movido. Peter van der Welle, estrategista multiactivos de Robeco, reconoce que "los mercados han reaccionado de forma moderada en relación con el nivel de riesgo geopolítico imperante", aunque advierte de que el riesgo de volatilidad sigue siendo elevado.
Este comportamiento revela algo significativo: los operadores no se dejaron arrastrar ni por el pánico del ultimátum ni por la euforia de una tregua que, por ahora, resulta frágil. Irán sigue manteniendo el estrecho prácticamente cerrado, con apenas una docena de barcos cruzándolo desde el anuncio.
Un año de marchas atrás que ya forman un patrón
Louise Dudley, gestora de carteras de renta variable global en Federated Hermes, señaló en una nota publicada este viernes que "los mercados aprenden a tolerar la volatilidad". Su análisis coincidió con el primer aniversario de la guerra arancelaria iniciada por Trump, un conflicto comercial que ha servido de campo de entrenamiento para los inversores que ahora aplican la misma lógica al terreno geopolítico.
El banco alemán Commerzbank publicó el martes un informe —justo antes del anuncio del alto el fuego— en el que subrayaba la dinámica recurrente: "Cada vez que la situación se volvía precaria, es decir, cuando los mercados bursátiles estadounidenses se desplomaban, el presidente de EE UU daba marcha atrás". Es la esencia del TACO trade: por muy radicales que suenen las amenazas presidenciales, el peso de los mercados sobre el PIB estadounidense termina actuando como freno.
La lista de precedentes es ya larga. Además de la guerra comercial y los sucesivos pulsos con Irán, los inversores recuerdan las amenazas de anexión de Groenlandia o las múltiples escaladas retóricas que acabaron en nada. Cada episodio refuerza la convicción de que existe un techo para las bravatas de la Casa Blanca.
Bessent, el hombre que susurra a Wall Street
Uno de los actores clave en esta dinámica es Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos. Según informó una columnista de Financial Times, Bessent recomendó esta semana en una reunión a puerta cerrada con inversores de Wall Street que no vendieran acciones, anticipando que el mercado se recuperaría pronto. La predicción se confirmó tras el anuncio de la tregua con Irán.
No es la primera vez que Bessent parece funcionar como amortiguador entre la retórica presidencial y el nerviosismo de los mercados. Hace un año, cuando la deuda pública estaba al borde de la implosión, fue él quien contribuyó a desactivar la crisis con la tregua arancelaria de 90 días, una posibilidad que Trump había desmentido categóricamente solo horas antes.
La economía real ya acusa el golpe
Más allá de lo que sucede en las pantallas de los brókeres, el conflicto con Irán ya tiene consecuencias tangibles sobre la economía estadounidense. Los datos de inflación interanual de marzo, conocidos esta semana, muestran un avance por encima del 3 %, frente al nivel inferior al 1 % registrado en febrero. El cierre del estrecho de Ormuz presiona los precios energéticos y, con ellos, el coste de vida de millones de ciudadanos.
Lale Akoner, analista global de mercados de eToro, sostiene que "es probable que la volatilidad persista mientras la claridad macroeconómica vaya por detrás de los precios del mercado". Mientras el estrecho siga cerrado, la incertidumbre sobre el suministro energético mantendrá en vilo tanto a inversores como a consumidores.
El bloqueo tiene raíces diplomáticas complejas. Irán acusa a Israel de incumplir el acuerdo al mantener bombardeos en Líbano, mientras que Washington y Tel Aviv defienden que ese frente no formaba parte del pacto original. Las diferencias deberán abordarse este sábado en una reunión celebrada en Pakistán, país mediador, en la que Estados Unidos estará representado por el vicepresidente JD Vance.
Según publicó The New York Times, Vance fue uno de los primeros en advertir a Trump contra cualquier intervención militar directa en Irán durante las reuniones iniciales de gestión del conflicto en la Casa Blanca. Antes de embarcar hacia Islamabad, el vicepresidente se mostró moderadamente optimista ante los periodistas, aunque no renunció a la firmeza: aseguró que si Irán intenta aprovecharse de la negociación, encontrará un equipo poco receptivo.
El TACO trade ha cumplido un año con la tesis intacta. Los mercados siguen apostando por que las amenazas de Trump tienen un límite y que, cuando la presión financiera aprieta, la Casa Blanca afloja. La cuestión que queda por resolver es qué ocurrirá el día en que el presidente no dé marcha atrás. Ese escenario, por ahora, no tiene acrónimo.