Rolls-Royce está decidida a recuperar su posición en el mercado de motores para aviones de fuselaje estrecho, sector que abandonó hace más de diez años. Su nueva apuesta es el motor UltraFan 30, diseñado para los futuros sucesores de los Airbus A320 y Boeing 737 Max, dos de los modelos más vendidos en aviación comercial.
Esta estrategia responde a la necesidad de crecer más allá del mercado de aviones de fuselaje ancho, donde la empresa lleva años estabilizando su negocio. Para lograrlo, la firma británica, bajo la dirección de su CEO Tufan Erginbilgiç desde 2023, requiere no solo recursos económicos millonarios, sino también socios industriales y el respaldo tanto de Airbus y Boeing como del gobierno del Reino Unido.
El desarrollo completo del UltraFan 30 implicará una inversión de varios miles de millones de libras, además del gasto ya hecho de más de 1.000 millones en tecnología en la última década. El motor promete mejorar la eficiencia en un 20% respecto a los modelos actuales gracias a innovaciones en su diseño turbofán, con palas compuestas de gran tamaño y un núcleo más pequeño, buscando reducir el consumo de combustible y las emisiones.
A pesar del entusiasmo de Rolls-Royce, las negociaciones con el gobierno británico avanzan con lentitud, en parte debido a la inestabilidad política y a la competencia por fondos entre las principales empresas aeroespaciales que operan en Reino Unido, como Airbus, Safran y GE Aerospace. El Instituto de Tecnología Aeroespacial (ATI) ha demorado las decisiones sobre financiación para el desarrollo del prototipo.
El programa UltraFan 30 podría crear hasta 40.000 empleos cualificados y generar unos 120.000 millones de libras para la economía británica a lo largo de su vida útil, según fuentes de la compañía. Además, han recibido fondos significativos de la Unión Europea, incluyendo 64 millones de euros para apoyar pruebas y el desarrollo del motor.
Rolls-Royce también está explorando la posibilidad de alianzas estratégicas con otros fabricantes para compartir los costos y acelerar la producción a gran escala. La colaboración con Pratt & Whitney, con quien compartió el grupo International Aero Engines hasta 2012, aparece como la opción más probable.
El objetivo es tener pruebas de un prototipo en tierra para 2028 que demuestre la viabilidad de la nueva tecnología. Mientras tanto, la competencia, especialmente CFM International (Safran y GE Aerospace), trabaja en motores de ventilador abierto con relaciones de derivación mucho mayores, pero con desafíos técnicos y de fiabilidad que Rolls-Royce evalúa con cautela.
El regreso al mercado de fuselaje estrecho significaría para Rolls-Royce no solo ampliar su cuota de mercado, sino también posicionarse en el segmento más grande de la aviación civil, un movimiento clave para sostener su crecimiento industrial y financiero en las próximas décadas.
Para el CEO Erginbilgiç, que ha logrado un aumento de beneficios del 40% en los últimos años, este paso representa un desafío estratégico crucial con una perspectiva clara: hacer que Rolls-Royce vuelva a ser un actor principal en los motores para los aviones más demandados del planeta.
Según los datos del Financial Times, la compañía espera además que el desarrollo del UltraFan contribuya de forma significativa a los objetivos de reducción de emisiones netas para 2050, alineándose con las demandas actuales de sostenibilidad en la industria aeronáutica.
En definitiva, el éxito de este proyecto dependerá de la capacidad de Rolls-Royce para combinar innovación tecnológica, apoyos públicos y alianzas empresariales que soporten el elevado coste y la exigencia de fiabilidad que demanda el mercado de aviones de pasillo único.