El grupo alemán de defensa Rheinmetall ha confirmado una inversión de aproximadamente 100 millones de euros para ampliar las capacidades productivas de sus instalaciones en Burgos. La operación, que se enmarca en la creciente demanda europea de material militar, busca reforzar la fabricación de explosivos, municiones y proyectiles de artillería en suelo español, al tiempo que posiciona a la compañía como candidata firme para uno de los contratos de defensa más relevantes del país.
La historia de Rheinmetall en España arranca formalmente en 2023, cuando la multinacional germana adquirió Expal —Explosivos Alaveses— a Maxam por 1.200 millones de euros. De aquella operación nació Rheinmetall Expal Munitions, la filial que ahora protagoniza este plan de expansión industrial. Desde entonces, la compañía ya ha destinado 16 millones de euros a adecuar el complejo productivo burgalés a sus estándares y necesidades operativas, según la documentación del proyecto regional presentada ante la Junta de Castilla y León.
Un contrato de 700 millones como gran objetivo
El trasfondo estratégico de esta inversión va mucho más allá de modernizar unas instalaciones. Rheinmetall aspira a ser la adjudicataria del Sistema Lanzamisiles de Alta Movilidad (Silam) para el Ejército español, un contrato valorado en casi 700 millones de euros que podría transformar por completo la capacidad industrial de la planta de Burgos. Para competir por este programa, el grupo alemán cerró a finales de 2025 una alianza con Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), una de las empresas de defensa españolas con mayor proyección en los últimos años.
Este contrato tiene una historia accidentada. En 2023, la licitación original se adjudicó a un consorcio formado por EM&E y la empresa israelí Elbit Systems. Sin embargo, el Gobierno español anuló la adjudicación tras imponer un veto a la compra de armas y tecnología militar procedente de Israel, una decisión directamente vinculada a la crisis humanitaria en Gaza. Aquella cancelación dejó un vacío que ahora Rheinmetall y Escribano pretenden llenar con una propuesta íntegramente respaldada por capacidad industrial en territorio nacional.
Parte significativa de los 100 millones comprometidos para Burgos se orienta precisamente a preparar la fabricación de las municiones que emplearía el nuevo sistema lanzamisiles, en caso de que la adjudicación recaiga en el consorcio germano-español. Se trata de una apuesta calculada: invertir antes de ganar el contrato para demostrar al Ministerio de Defensa que la alternativa nacional es viable y está respaldada por infraestructura real.
Proyectiles de artillería y nuevos polvorines
La ampliación no se limita a las municiones del Silam. Los planes de Rheinmetall en Burgos abarcan también la puesta en marcha de líneas de producción para un nuevo modelo de proyectil de 155 milímetros, un calibre estándar en artillería de la OTAN cuya demanda se ha disparado desde el inicio de la guerra en Ucrania. Además, se prevé la construcción de un edificio dedicado a incrementar la capacidad de fabricación de proyectiles de artillería de 105 y 155 milímetros de largo alcance, así como de calibre medio —30 y 35 milímetros—, empleados habitualmente en sistemas antiaéreos y vehículos blindados.
Otro elemento destacado del proyecto es la construcción de 14 nuevos polvorines semienterrados en una parcela de casi 27 hectáreas que Rheinmetall adquirió a Maxam en 2023. Estos polvorines resultan esenciales para incrementar la capacidad de almacenamiento de la planta, un cuello de botella habitual en la industria de municiones. Sin espacio suficiente para almacenar producto terminado en condiciones de seguridad, cualquier aumento de la producción quedaría bloqueado en la práctica.
En conjunto, el plan de inversión dibuja una transformación profunda del complejo burgalés: de ser una planta heredada de una empresa española de explosivos a convertirse en uno de los nodos industriales de referencia de Rheinmetall en Europa meridional.
El contexto europeo impulsa la demanda
La apuesta de Rheinmetall por España no se produce en el vacío. Desde 2022, los países europeos han acelerado sus programas de rearme, presionados por la guerra en Ucrania y por las exigencias de la OTAN de destinar al menos el 2% del PIB a defensa. España, que históricamente ha estado lejos de ese umbral, ha aumentado progresivamente su presupuesto militar y ha lanzado varios programas de adquisición de material. El Ministerio de Defensa tiene sobre la mesa no solo el Silam, sino también renovaciones de flotas blindadas y sistemas de artillería que podrían beneficiar directamente a la producción de Burgos.
Rheinmetall, por su parte, se ha posicionado como uno de los grandes ganadores de este ciclo de rearme europeo. Sus acciones se han revalorizado de forma extraordinaria en los últimos tres años y la compañía ha multiplicado sus inversiones industriales por todo el continente. La planta de Burgos encaja en esa estrategia de diversificación geográfica: producir cerca de los clientes, reducir dependencias logísticas y garantizar cadenas de suministro más resilientes.
Una batalla judicial pendiente
No obstante, sobre toda esta expansión planea una incógnita judicial relevante. KNDS —el consorcio franco-alemán de defensa terrestre y rival directo de Rheinmetall— presentó un recurso contencioso-administrativo ante el Tribunal Supremo contra la autorización que el Gobierno español dio en su momento a la compra de Expal. El Supremo tiene previsto resolver esta cuestión el 21 de abril, y su fallo podría, en el escenario más adverso, cuestionar la base legal sobre la que se asienta toda la presencia industrial de Rheinmetall en España.
Si el tribunal valida la operación, Rheinmetall podrá seguir adelante con sus planes sin sobresaltos. Si, por el contrario, estima el recurso de KNDS, se abriría un periodo de incertidumbre cuyas consecuencias para la planta de Burgos, sus trabajadores y los contratos de defensa asociados resultan difíciles de prever.
En cualquier caso, la inversión de 100 millones en Burgos refleja que Rheinmetall considera a España un mercado estratégico y que está dispuesta a apostar fuerte antes incluso de que se resuelvan todas las incógnitas. Para el tejido industrial de Castilla y León, y para el sector de defensa español en su conjunto, la operación representa una oportunidad de ganar peso en un mercado europeo de armamento que no deja de crecer.