El desarrollo de las energías renovables en España parece haber tocado un límite. Según los últimos datos de Red Eléctrica de España (REE), el total de megavatios (MW) operativos de estas tecnologías se sitúa entorno a 72.800 MW, con señales de estancamiento y cierta retirada de instalaciones que ya estaban activas.
Entre abril y mayo se logró superar la barrera de los 72.000 MW, alcanzando un pico de 72.853 MW, pero en junio esta cifra ha retrocedido ligeramente, manteniéndose casi estancada. De esta capacidad, 23.900 MW corresponden a energía eólica, 23.600 MW a fotovoltaica y alrededor de 25.300 MW a sistemas híbridos que combinan distintas fuentes renovables. A pesar de que estas cifras se basan en la capacidad técnicamente disponible para verter electricidad a la red, no todas las instalaciones están produciendo a plena capacidad.
Este estancamiento es consecuencia directa de problemas estructurales en el mercado eléctrico español. La gran saturación causada por la rápida expansión de proyectos renovables ha derivado en una caída pronunciada y recurrente de los precios en el mercado mayorista (pool), llegando en algunas horas del día a precios cercanos a cero. Esta situación afecta principalmente a proyectos más débiles o con menor eficiencia, que no pueden competir y terminan siendo inviables.
El fenómeno, conocido en el sector como "canibalización", ocurre cuando la alta oferta de energía renovable en horarios similares reduce los ingresos potenciales y genera una volatilidad que dificulta la financiación de nuevas iniciativas. La solución parcial para gestionar estos excedentes ha sido la hibridación con baterías, que permiten almacenar energía para su uso en momentos de mayor demanda. Sin embargo, estos sistemas requieren inversiones muy elevadas y cambios regulatorios que el mercado aún está lejos de consolidar.
En paralelo, los incentivos para crear nuevos grandes consumidores de electricidad, como los centros de datos, no se han materializado con la intensidad necesaria que permita absorber el excedente renovable. Esta falta de demanda adicional limita aún más la viabilidad comercial de nuevos desarrollos.
El impacto de esta situación va más allá de la paralización de nuevos proyectos. Por primera vez en España, algunas instalaciones renovables ya operativas están siendo desconectadas de la red, un hecho que refleja la crisis que afecta a todo el sector y que está golpeando también a los financiadores e inversores, quienes enfrentan dificultades para recuperar sus préstamos.
Desde la pandemia, el sector ya había comenzado a perder impulso. El número de megavatios con licencia concedida pero no desarrollados ha disminuido ligeramente, pasando de 76.700 MW en mayo a 75.800 MW en junio. En total, la suma de megavatios operativos y en proyecto ha retrocedido de 151.600 MW a 148.600 MW en un solo mes, situando al sector renovable español en niveles no vistos desde antes de 2015.
Este ritmo de estancamiento pone en serio riesgo los objetivos establecidos en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (Pniec), que contemplaba alcanzar los 160.000 MW renovables instalados para 2030, una cifra que ahora se muestra complicada de alcanzar sin cambios significativos.
Además, el mercado eléctrico español enfrenta otro reto importante: la proliferación de comercializadoras eléctricas que no cumplen con sus obligaciones de pago, dejando un agujero económico estimado en 300 millones de euros. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha endurecido los requisitos para estas empresas, buscando estabilizar el sistema.
Una de las últimas medidas relevantes ha sido la inhabilitación de Holaluz, una compañía emblemática en la apertura del mercado eléctrico, que enfrenta procesos regulatorios por incumplir requisitos. Este fenómeno refleja un mercado en transición, con signos de tensión tanto en la generación renovable como en la comercialización.
El sector se encuentra ante un momento crítico: algunos actores ven esta situación como una crisis profunda que puede afectar el despliegue renovable, mientras otros la perciben como una corrección necesaria para eliminar proyectos ineficientes y fomentar modelos más sostenibles. En cualquier caso, queda claro que para mantener la transición energética será indispensable acompañar el crecimiento técnico con reformas regulatorias, mayor inversión en almacenamiento y nuevos modelos de demanda que aprovechen mejor las energías verdes.
Para profundizar en el contexto del mercado eléctrico español y su evolución normativa, puede consultarse la información disponible en Red Eléctrica de España y los análisis de CNMC.
En definitiva, las renovables en España están en un punto de inflexión donde la saturación, la volatilidad de precios y la falta de un marco regulatorio claro ponen en pausa su expansión y obligan a repensar estrategias para cumplir los compromisos climáticos y energéticos de la próxima década.