Los líderes de la OTAN se reunirán entre el 28 y 29 de junio en Ankara para evaluar los avances en gasto en defensa y establecer nuevos acuerdos con la industria militar, además de reforzar el apoyo financiero y operativo a Ucrania. En esta cumbre, países europeos intentarán destacar su incrementado compromiso en materia de seguridad dentro de la Alianza, respondiendo a la presión de Estados Unidos para asumir más responsabilidades.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, destacó recientemente desde Berlín que la alianza debe reequilibrarse para que los aliados europeos y Canadá asuman un papel más activo en la defensa convencional en Europa, manteniendo una colaboración estrecha con Estados Unidos. Este llamado sucede en un contexto donde Washington ha cuestionado la credibilidad de algunos países en cumplir con el objetivo de invertir el 5% de su PIB en defensa para 2035.
Estados Unidos ha expresado críticas particulares contra España por su rechazo a permitir el uso de las bases de Morón y Rota para operaciones vinculadas con la guerra en Irán, además de su negativa a aumentar su gasto en defensa al nivel exigido por la OTAN. Según afirmó el embajador estadounidense Matt Whitaker, el presidente Trump está "decepcionado" ante estas posiciones, que considera un obstáculo para la cooperación transatlántica.
Las cifras revelan que de 2016 a 2026 los aliados europeos y Canadá han destinado 1,2 billones de dólares adicionales a defensa, con un incremento del 20% solo en 2025, equivalente a 139.000 millones de dólares. Este esfuerzo surge en un momento crucial tras el anuncio de Estados Unidos de reducir su compromiso en suministros básicos a la OTAN para enfocar sus recursos en otros intereses estratégicos. Esto ha impulsado la idea de una "OTAN 3.0", donde Europa asume una mayor responsabilidad directa en su defensa convencional.
Mark Rutte subraya que la cumbre deberá transformar el gasto extra en capacidades operativas tangibles y expandir de forma importante el sector industrial de defensa europeo. Esta nueva etapa supone un cambio notable en la dinámica interna de la alianza, donde Europa busca consolidarse como un actor más autónomo y capaz.
Durante la primera jornada, Rutte recibirá al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en un encuentro que precederá al consejo OTAN-Ucrania a nivel de ministros de Exteriores. La cumbre tiene previsto reforzar el apoyo militar y financiero a Ucrania, con un fondo conjunto de alrededor de 140.000 millones de euros para los próximos dos años. Esta cifra incluye un préstamo de 60.000 millones por parte de la Unión Europea.
Estados Unidos, sin embargo, no contribuirá directamente a este fondo, aunque sí beneficiará la compra de armamento norteamericano por parte de Ucrania con esos recursos. Este acuerdo busca garantizar la continuidad del equipamiento y la logística para Kiev en un momento de alta tensión con Rusia, asegurando que los países europeos asuman un papel más activo en el sostenimiento del conflicto.
En suma, la cumbre de Ankara marcará un punto de inflexión en la OTAN, con un compromiso claro de reforzar la defensa europea y afianzar el respaldo financiero y militar para Ucrania. Este proceso refleja la transformación de la alianza ante los desafíos geopolíticos actuales y las demandas de Estados Unidos para un reparto de responsabilidades más equilibrado.