Hace una década, Leicester City protagonizó una de las mayores sorpresas en la historia del fútbol al conquistar la Premier League bajo la dirección de Claudio Ranieri. Este triunfo, impulsado por jugadores hoy reconocidos mundialmente como Riyad Mahrez, N’Golo Kanté, Ben Chilwell y Jamie Vardy, desafió a los poderosos del Big Six con presupuestos muy superiores.
Este título no solo valió un reconocimiento deportivo sino que convirtió a Leicester en la llamada "cenicienta" del fútbol inglés, ganándose el aprecio de fans en todo el mundo. Sin embargo, la realidad actual pinta un escenario muy diferente: el club atraviesa un doble descenso consecutivo y se prepara para competir en la tercera división inglesa, la League One.
Un factor clave detrás de ese declive ha sido la delicada situación financiera del club. El Leicester arrastra numerosas pérdidas y un déficit crónico que le han acarreado sanciones, como la deducción de seis puntos por incumplir las reglas del fair play financiero de la liga. Sin esta penalización, el club podría haber permanecido en Championship, la segunda categoría, ya que terminó esa temporada a solo cinco puntos de la salvación.
El impacto económico tras ganar la Premier fue inicialmente positivo, con un beneficio estimado en 115 millones de euros entre 2015 y 2018, en parte gracias a la venta de jugadores. La progresiva desintegración de aquel equipo campeón marcó el inicio de una secuencia de pérdidas continuas. Un duro golpe fue la muerte de Vichai Srivaddhanaprabha, el dueño del club, en un accidente de helicóptero en 2018, aunque la familia propietaria ha continuado gestionando su legado.
Desde entonces, Leicester ha acumulado pérdidas cercanas a 335 millones de euros en cinco temporadas, aceleradas por el paso efímero por la Championship y el regreso a una Premier cada vez más exigente en términos salariales y de inversiones en plantilla. En la campaña actual esas pérdidas han alcanzado más de 80 millones de euros, una cifra elevada en cualquier contexto.
Este caso ejemplifica la presión financiera que sufren equipos fuera del Big Six, en una Premier dominada por salarios crecientes y fichajes millonarios. Se trabaja en sistemas de control y límites al gasto para evitar que otros clubes caigan en una burbuja económica similar. En Europa, LaLiga también está alerta ante esta tendencia inflacionista, que podría desatar una burbuja de hasta 8.000 millones de euros en salarios, según su presidente Javier Tebas.
En términos de ingresos, Leicester ha dependido principalmente de los derechos televisivos, que representan un 82% del total en temporadas con clasificación europea, alcanzando cifras superiores a los 240 millones de euros. Los ingresos por taquilla se han mantenido sólidos incluso en Segunda, con más de 31.000 espectadores por partido y una recaudación estable, sobre los 23 millones de euros.
La línea comercial es otro punto fuerte, con un crecimiento importante en patrocinios y merchandising. El club ha duplicado sus ingresos en esta área en los últimos diez años hasta casi 54 millones de euros, apoyado por el patrocinador principal King Power y colaboraciones con marcas destacadas como Adidas. Sin embargo, el descenso a tercera división plantea un reto importante para mantener estos niveles.
El Leicester ha sido un club vendedor en el mercado, consiguiendo plusvalías de más de 169 millones de euros en transferencias entre 2022 y 2024, y un beneficio acumulado cercano a los 470 millones desde su título de Premier. Pese a esta actividad comercial, el gasto en salarios y transferencias en la última temporada de Premier superó los 240 millones de euros, una cifra muy alta comparada con otras grandes ligas europeas como LaLiga.
La masa salarial incluía 176 millones en sueldos, y aunque bajó en Championship, siguió siendo elevada en relación a la categoría. Este desajuste económico se refleja en una deuda financiera neta que ronda los 226 millones de euros, a pesar de las inyecciones de capital de la familia Srivaddhanaprabha para evitar sanciones y asegurar la viabilidad del club.
La pandemia y otros factores contribuyeron a que los fondos propios del club caigan en negativo en varios ejercicios, aunque se han recuperado parcialmente con la recapitalización. Aún así, se prevén nuevas aportaciones para seguir manteniendo operativo un club que, en lo deportivo, afronta el reto de ser el primero en la historia en regresar a la Premier tras caer hasta la tercera categoría tras haber ganado la liga inglesa.
La trayectoria de Leicester es un claro ejemplo de la complejidad de mantener el éxito deportivo en una liga tan competitiva y cara como la Premier League, y la necesidad de gestionar los límites económicos para garantizar la sostenibilidad futura. El club y su afición esperan que esta crisis sea solo un paréntesis antes de un regreso triunfal a la élite.