Las elecciones generales de Hungría han escrito uno de los cambios políticos más esperados de Europa: Viktor Orbán, presidente durante 16 años consecutivos, pierde la mayoría y cede el poder a Péter Magyar, candidato del partido Tisza, que logra más del 50% de los votos y 136 escaños de los 199 que componen el parlamento húngaro.
La participación fue el otro gran protagonista de la jornada. Con los colegios aún abiertos, el 78,8% de los electores ya había votado, superando el récord registrado en los comicios de 2002 y convirtiéndose en la cita con las urnas más concurrida desde la caída del comunismo en 1989. Una movilización que refleja el hartazgo de buena parte de la sociedad húngara con una década y media de gobierno de Fidesz.
El partido de Orbán se queda por debajo del 40% de los apoyos y obtiene apenas 56 escaños, lo que le condena a la oposición por primera vez desde 2010. El ahora expresidente, conocido por su estrecha relación con Vladímir Putin y por una política migratoria de línea dura, deberá abandonar el Palacio Sándor de Budapest.
Magyar, abogado de 45 años, representa una derecha más moderada y europeísta que la de su predecesor. Su campaña giró en torno a la lucha contra la corrupción y la reconciliación con las instituciones de la Unión Europea, un giro de 180 grados respecto a la retórica anticomunitaria que ha caracterizado a Fidesz durante años.
Lo que pocos imaginaban hace apenas dos años es que Magyar llegara al poder desde las propias filas del orbánismo. Militó en Fidesz hasta 2024, cuando dimitió para fundar una nueva plataforma política que acabó revitalizando al Partido Respeto y Libertad, conocido como Tisza. Su irrupción ya fue llamativa en las elecciones europeas de ese mismo año, donde rozó el 30% de los votos en Hungría.
Ahora governa con mayoría absoluta, lo que le da margen para impulsar reformas sin depender de socios de coalición. El nuevo ejecutivo húngaro llega en un momento delicado para la geopolítica europea, con la guerra en Ucrania sin resolución y con Bruselas pendiente del giro que dará Budapest en sus relaciones con Moscú y con el resto de socios comunitarios.