Indra está en medio de un cambio estratégico bajo la dirección de Ángel Simón y Josep Maria Recasens, quienes revisan contratos pasados en busca de una nueva hoja de ruta para la compañía. En este contexto, el futuro de la colaboración con Hanwha y la posible entrada de Santa Bárbara en programas cruciales de artillería generan tensiones y desafíos legales.
La controversia gira en torno a la alianza temporal con Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) para el desarrollo del obús autopropulsado de cadenas, un programa que suma un presupuesto cercano a 4.554 millones de euros. Santa Bárbara, filial de General Dynamics, reclama su participación en estos proyectos y ha llevado el caso a los tribunales, mientras busca frenar ayudas públicas vinculadas a estos contratos mediante recurso ante el Tribunal Supremo.
Pese a esta situación, ambas partes han mostrado signos de acercamiento. Indra planea integrar a Santa Bárbara en dos programas de artillería valorados en 7.200 millones de euros. Sin embargo, este movimiento topa con un obstáculo de peso: el acuerdo que Indra firmó con Hanwha el pasado marzo. Esta firma surcoreana posee derechos de diseño y titularidad intelectual sobre las plataformas K9 utilizadas en los obuses.
Según los términos del contrato vinculante, para que Santa Bárbara o cualquier otro tercero pueda incorporarse a estos proyectos, debe contar con la aprobación de Hanwha. Fuentes consultadas indican que Hanwha es reacia a compartir su tecnología y planos técnicos con competidores nacionales, lo que complica la posible entrada de Santa Bárbara.
Dado este escenario, la estrategia más probable para Indra sería rescindir el acuerdo con Hanwha si finalmente decide aliarse con Santa Bárbara, asumiendo las penalizaciones económicas que esta ruptura conllevaría. Este cambio se enmarca en la directriz marcada por el Gobierno, accionista mayoritario con el 28%, de mejorar las relaciones de Indra con otras empresas del sector de defensa españolas.
Desde la llegada de Simón y Recasens, ya se han desarrollado reuniones entre las cúpulas de Indra y Santa Bárbara, aunque no se ha logrado un acuerdo definitivo debido a la continuidad de los litigios judiciales iniciados por Santa Bárbara.
Indra mantiene un 57,11% en la unión temporal con EM&E para el programa de cadenas y un 34,4% para el programa de obuses autopropulsados sobre ruedas, cuyo socio principal aún no ha sido decidido pero se negocia con empresas alemanas como Rheinmetall y MAN. La posible incorporación de Santa Bárbara o Sapa implica que Indra cedería parte de su participación y beneficios en estas UTE, afectando sus márgenes de rentabilidad.
No obstante, la incorporación de Santa Bárbara proporcionaría a Indra una ventaja importante: la capacidad de producción inmediata en España, algo que la empresa no tiene actualmente y que podría acelerar la ejecución de estos contratos.
Mientras la tensión contractual con Hanwha persista, el desenlace de esta compleja negociación marcará un rumbo decisivo para Indra, que busca equilibrar alianzas estratégicas con la preservación de la tecnología propia y la rentabilidad financiera.
Para más detalles sobre el impacto en la defensa española y el mercado tecnológico, se puede consultar la información aportada por Expansión, y los datos oficiales del Ministerio de Defensa.