Greg Abel, actual director ejecutivo de Berkshire Hathaway, ha marcado un giro decisivo en la estrategia de inversión de la compañía durante el segundo trimestre de 2024. Tras más de tres años en los que la firma apenas compró acciones y redujo posiciones, Abel ha ejecutado adquisiciones por casi 20.000 millones de dólares netos, rompiendo así con la prudencia que caracterizó a Warren Buffett en sus últimos años al mando.
Entre las operaciones más destacadas destaca la adquisición de 10.000 millones de dólares en acciones ordinarias de Alphabet, matriz de Google, y la recompra de 4.500 millones de dólares en acciones propias. Esta oleada de compras refleja la intención de Abel de aprovechar la gran liquidez de la firma, que hasta mediados de año mantenía una reserva de efectivo de 365.000 millones de dólares, una de las mayores del mercado global.
Esta nueva política contrasta con la decisión de Buffett de mantener posiciones conservadoras ante la percepción de que la renta variable estaba sobrevalorada, una postura que se mantuvo durante los últimos tres años bajo su dirección. Sin embargo, la reciente apuesta de Abel llega en un momento en el que los mercados estadounidenses alcanzan niveles récord, lo que añade presión y expectativas sobre la visión y capacidad del sucesor de Buffett para identificar oportunidades atractivas.
La trayectoria de Buffett, que dirigió Berkshire durante casi seis décadas desde que tomó el control en 1965, dejó una referencia para entender el mercado y sus ciclos. Muchos inversores interpretaron la gran acumulación de efectivo como una señal de esperar una caída para entrar a mejores precios. Ahora, Abel desafía ese planteamiento, mostrando un enfoque más activo y decidido en un contexto de mercados alcistas.
Paralelamente a las compras de acciones, Berkshire anunció la adquisición de Taylor Morrison, constructora estadounidense de viviendas, por 8.500 millones de dólares, ampliando así su diversificación de inversiones. Esta operación, junto con la inyección de capital en Alphabet, configura algunas de las mayores transacciones de los últimos años para el conglomerado dirigido desde Omaha.
Según los datos oficiales, Berkshire invirtió un total de 23.000 millones de dólares en acciones de compañías cotizadas durante el segundo trimestre, con Alphabet consolidándose entre sus cinco principales posiciones. Este volumen contrasta con las ventas que apenas alcanzaron los 3.700 millones de dólares, el nivel más bajo registrado desde 2022. La compra de acciones representa para Abel un gesto claro de "decisión" para capitalizar en sectores comerciales, industriales y tecnológicos.
Los resultados financieros de Berkshire correspondientes al trimestre reflejan una fuerte expansión. El beneficio neto se duplicó hasta los 25.700 millones de dólares, apoyado en la revalorización de sus activos bursátiles, aunque la empresa advierte que las normas contables pueden hacer esta cifra algo volátil e incluso confusa. El beneficio operativo, más representativo del desempeño real, aumentó un 16% respecto al año anterior hasta 13.000 millones de dólares.
Algunos negocios del grupo observaron comportamientos sectoriales diversos. La empresa ferroviaria BNSF presentó un crecimiento en sus ingresos del 15%, impulsada por el aumento de actividad de importaciones en la costa oeste y la escasez de camiones, que trasladó más tráfico hacia el ferrocarril. La división de componentes electrónicos TTI también experimentó un fuerte repunte, con un aumento del 26% en ventas, potenciado por las inversiones en inteligencia artificial que demandan mayor infraestructura tecnológica.
Por el contrario, el área aseguradora acusó una caída del 13% en sus beneficios operativos debido a mayores indemnizaciones en Geico y un incremento de gastos destinados a publicidad. Dentro de este sector, la adquisición de una participación en Tokio Marine mediante un acuerdo estratégico amplió las primas suscritas, evitando un descenso en esta línea.
A pesar de la evolución positiva, las acciones de Berkshire han subido solo un 3% en lo que va de año, quedándose por detrás del índice S&P 500, que acumula una rentabilidad cercana al 14%. Los inversores aguardan ahora los informes trimestrales que la empresa debe remitir a los reguladores estadounidenses para evaluar en detalle los cambios en la cartera impulsados por Abel.
Este cambio de rumbo evidencia la voluntad de Greg Abel de imprimir su sello y dinamizar la gestión de inversiones dentro del gigante de Omaha, apostando por sectores tecnológicos y nuevos activos. El equilibrio entre conservadurismo y audacia marcará en adelante el camino de Berkshire Hathaway en los próximos años, impulsando expectativas sobre su capacidad para mantener el legado de uno de los inversores más emblemáticos del último siglo.
Más información sobre Berkshire Hathaway y sus inversiones se puede consultar en la página oficial de la compañía y en análisis especializados como los de Financial Times.