Estados Unidos ha reforzado su campaña de presión económica contra Cuba enfocándose en Gaesa, el Grupo de Administración Empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), que concentra una parte sustancial de la actividad económica nacional. Este gigante empresarial, mayoritariamente desconocido para la ciudadanía cubana, controla sectores clave como el turismo, las telecomunicaciones y el comercio minorista en divisas, siendo un pilar fundamental para las finanzas estatales.
Gaesa nació en 1995 durante el llamado Período Especial, una etapa de crisis profunda tras la caída del bloque soviético. Ante la incapacidad del Estado para financiar adecuadamente al ejército, este grupo fue creado para permitir que las Fuerzas Armadas generaran ingresos propios, lo que consolidó su posición estratégica y económica en la isla. Raúl Castro desempeñó un papel crucial en su desarrollo, primero como ministro de las FAR y luego como presidente del país, impulsando la centralización de los activos más rentables bajo este conglomerado, más allá de la lógica empresarial, con una intención política clara.
Durante casi tres décadas, Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, general y cercano a Raúl Castro, lideró Gaesa. Su fallecimiento en 2022 no ha detenido el papel central de la empresa, que continua bajo la dirección de Ania Guillermina Lastres, otra figura militar y política destacada. La influencia de esta familia Castro endurece aún más la conexión entre el ejército y la gestión económica, especialmente en negociaciones recientes con Estados Unidos.
Gaesa controla actualmente la principal fuente de ingresos de Cuba: el turismo. Es el propietario mayoritario del Grupo Gaviota, encargado de gran parte de los hoteles en la isla, además de manejar agencias de viajes, transporte, marinas y restaurantes. Asimismo, tiene el monopolio estatal en telecomunicaciones mediante Etecsa y administra la Zona Especial de Desarrollo de Mariel, un enclave estratégico para el comercio exterior cubano.
Además, Gaesa explota cadenas de tiendas en moneda extranjera, gasolineras, inmobiliarias, transporte aéreo y terrestre, construcción, eventos, financiamiento y logística, entre otros sectores. Esta extensa diversificación, sin transparencia pública ni auditorías externas integradas en el presupuesto nacional, genera sospechas sobre la verdadera dimensión económica del grupo. Mientras algunos medios estiman que podría manejar reservas por valor de 14.500 millones de dólares, otros cálculos recientes sugieren una cifra mucho menor, alrededor de 1.000 millones, debido al impacto de la caída del turismo y las remesas.
La opacidad con la que opera Gaesa también se refleja en la falta de información pública sobre su estructura y sede. Ni su nombre aparece en su edificio central en La Habana y la empresa evita cualquier exposición en los medios oficiales, tratando de minimizar el escrutinio tanto dentro como fuera de Cuba.
Recientemente, la Administración de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU. revocó la residencia de un familiar de la presidenta ejecutiva de Gaesa, acusándola de colaborar con el gobierno cubano y representar un riesgo para la seguridad nacional estadounidense. Este hecho se enmarca en la Orden Ejecutiva 14404 firmada en mayo, que incluye sanciones específicas contra Gaesa y sus altos cargos.
El control militar de grandes sectores económicos a través de Gaesa es una característica clave del modelo cubano que desafía las presiones internacionales. Las nuevas sanciones de Estados Unidos buscan limitar su capacidad de ingreso y socavar el aparato económico de las Fuerzas Armadas, aunque su impacto real dependerá de la resistencia interna del grupo y la economía del país. Este pulso económico tendrá efectos en la política y sociedad cubana en el medio plazo, mientras la nación se enfrenta a tensiones externas y desafíos estructurales.
Para más análisis sobre la economía cubana y el impacto de las sanciones internacionales, se pueden consultar informes del Banco Mundial y estudios económicos recientes como el de Pavel Vidal y reportajes en The Economist. Gaesa continuará siendo un actor clave a observar en la interacción económica y política entre Cuba y Estados Unidos.