Fernando Grajales, nacido en Ciudad de México en 1985, atravesó dos crisis de ansiedad y momentos de incertidumbre hasta que decidió cambiar radicalmente su rumbo profesional. Tras abandonar la empresa de marketing que había cofundado, emprendió en 2013 un proyecto que conecta con sus raíces y su pasión: la bodega Dosterras en Marçà, Tarragona.
Este cambio no hubiese sido posible sin el respaldo y la inspiración de su abuelo Francisco Ibarra, un exiliado de la Guerra Civil española que fundó en México un importante grupo empresarial y mantuvo vivo su amor por España y el vino. Grajales aprendió de él el valor de la paciencia y el respeto por las tradiciones, además de transmitir en Dosterras una visión fresca y creativa a la vez que rebelde.
La elección de Montsant, una denominación de origen joven fundada en 2001, responde a un vínculo especial con el territorio, que él define como un lugar de paz y escucha para la tierra. Aquí instaló su bodega, en Mas Figueres, una masía reformada que también alberga un pequeño hotel y que permite reunir a su extensa familia extendida por varios países.
Grajales valora especialmente la uva cariñena, tradicional en la región, y la esencia auténtica que define los vinos que elaboran. Montsant tuvo su época de esplendor en el siglo XIX, cuando sus vinos se exportaban a Francia, pero su potencial sigue allí y él quiere narrar esas historias con cada botella. Su visión del vino es la de un equilibrio entre respeto, disciplina, riesgo y libertad.
Para él, la clave del éxito ha sido reconocer el momento de cambio y actuar con valentía, evitando vivir en una carrera sin satisfacción personal. Aspira a que su bodega sea mucho más que un negocio; desea que sus sucesores comprendan que es una forma de entender la vida y dejar un legado duradero.
Sobre el estrés, que le llevó a tomar este camino, ahora lo contempla como una fuerza positiva, comparable a la poda en la viña: necesaria para crecer más fuerte. En vez de impedir su descanso, lo usa para enfrentar obstáculos y surfear las dificultades con serenidad, sin perder de vista el disfrute que aporta el vino y la conexión con la tierra.
Esta historia conecta directamente con la tradición vitivinícola española y con la ambición de nuevos emprendedores que renuevan sectores ancestrales con creatividad. En un contexto donde la salud emocional y el equilibrio personal ganan relevancia en el mundo empresarial, el caso de Grajales y Dosterras ilustra cómo el estrés puede ser un catalizador para reinventarse y crear proyectos con alma.
La experiencia de Grajales también remite a la importancia del vínculo generacional y cultural: su abuelo, un referente que cruzó continentes, le heredó no solo un sueño, sino la paciencia para construirlo. Así, Dosterras se convierte en un puente entre México y España, el pasado y el presente, la tradición y la innovación.
En definitiva, la bodega es hoy un espacio para la familia y la creatividad, donde cada copa invita a la reflexión y al disfrute. Conociendo este relato, podemos entender mejor cómo los momentos difíciles pueden transformarse en oportunidades para crecer y conectar con lo que realmente importa.
Para profundizar, puede consultarse la entrevista de origen en El País y la información sobre la Denominación de Origen Montsant en Montsant DO.
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