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Empresas españolas transforman residuos alimentarios en fármacos y salud

De la leche al olivo, la industria circular impulsa ingredientes funcionales y terapéuticos con un impacto sanitario creciente

Por Redacción El Diario Joven·sábado, 11 de julio de 2026·6 min lectura·4 vistas
Ilustración: Empresas españolas transforman residuos alimentarios en fárm · El Diario Joven

La economía circular está ganando protagonismo en el sector alimentario español al aprovechar residuos para desarrollar componentes terapéuticos y nutricionales con beneficios para la salud. Diversas empresas, desde lácteas hasta cárnicas, impulsan innovaciones que transforman subproductos en fármacos, suplementos o ingredientes funcionales, alargando el ciclo de vida de materiales que de otro modo se desperdiciarían.

Capsa, matriz de Central Lechera Asturiana, lidera en esta línea con alianzas como la firmada en 2018 con Cantabria Labs para crear fórmulas nutricionales dirigidas a pacientes con necesidades específicas. Su línea NMCLA incluye productos como NMCLA Diabet, una dieta líquida destinada a pacientes diabéticos o en riesgo de desnutrición, especialmente tras el alta hospitalaria.

Por su parte, Arla Foods, la mayor cooperativa láctea europea, aprovecha el suero de leche residual para producir lactosa destinada a la industria farmacéutica. Este azúcar actúa como excipiente en comprimidos, cápsulas e inhaladores, demostrando un uso farmacéutico vital de un subproducto. Además, su filial Arla Foods Ingredients desarrolló Lacprodan, una proteína en polvo enfocada a combatir la malnutrición en pacientes hospitalizados con estancias prolongadas.

También el grupo Pascual ha innovado con Arandovo, utilizando la membrana de la cáscara de huevo para producir MKare, un ingrediente rico en colágeno, elastina y ácido hialurónico que favorece la salud ósea y articular. Arandovo ha ampliado su oferta con complementos alimenticios anti envejecimiento, deportivos y para mascotas, incluso a través de colaboraciones como la alcanzada con Bio-Dis Pharma.

La empresa navarra Eggnovo trabaja un recurso similar, extrayendo compuestos de la membrana de huevo para nutracéuticos dirigidos a articulaciones y piel, con productos propios como Ovomet y Ovoderm que combinan hidratantes y antienvejecimiento.

En el sector olivarero, la familia Alberola ha apostado por los probióticos, invirtiendo en la startup Bioithas. Su proyecto desarrolla productos con bacterias extraídas del bagazo de cerveza y fermentación de aceitunas, orientados a combatir la obesidad, considerada por ellos una pandemia del siglo XXI. Este desarrollo biomédico se encuentra en fase de prueba clínica en hospitales valencianos y se comercializará vía laboratorios farmacéuticos.

Un modelo similar de colaboración lo protagonizan la farmacéutica GSK y el Biorenewables Development Centre (BDC) de la Universidad de York, que desde hace una década trabajan para extraer glucosa a partir de descartes de pan o patata. Esta glucosa sustituye en la fabricación de antibióticos al ingrediente tradicional, sujeto a fluctuaciones de precio. Veolia se suma al proyecto aportando materia prima a través de la gestión de residuos.

En el campo de la industria cárnica, destacan iniciativas españolas que utilizan partes del ganado no aptas para la alimentación para fabricar heparina, un anticoagulante vital para millones. El grupo ElPozo, en alianza con Horizon Products, desarrolló Hepabiotic para obtener heparina de mucosa intestinal porcina, mientras que Vall Companys junto con Bioibérica produce esta sustancia en instalaciones de Zaragoza. España es responsable del 20% de la producción mundial de heparina, y Bioibérica suministra el 40% en Europa y Estados Unidos.

Además, otras partes del cerdo sirven para extraer hormonas tiroideas y pancreatina, empleadas en fármacos para tratar enfermedades como la fibrosis pulmonar. ElPozo contribuye también a la formación médica facilitando modelos anatómicos de cerdo para cirujanos.

Investigaciones recientes han aprovechado excedentes agrícolas para usos dermatológicos. El BDC y la empresa Prof&Doc desarrollaron cremas contra la dermatitis del pañal usando restos de berros, que se han diversificado en productos para diversas afecciones cutáneas bajo la marca Watercress Active.

Valogen amplía el valor de la harina residual de colza, usada tradicionalmente como alimento animal, para crear péptidos con propiedades antiinflamatorias que favorecen la cicatrización y combaten la sarcopenia asociada a la edad.

En la vitivinicultura, Bodegas Matarromera patentó Eminol, un extracto antioxidante de restos de uva que reduce el colesterol y protege la piel, elaborado también en su laboratorio cosmético Esdor. Félix Solís suministra resveratrol, un potente antioxidante extraído de pepitas y pieles de uva empleadas en cosmética y salud.

La biotecnológica Natac transforma hojas de olivo y otros residuos agrícolas en productos funcionales como Oleomind y Endolive, que contribuyen al bienestar cognitivo y la salud cardiovascular, respectivamente, con efectos probados en ensayos clínicos.

Finalmente, la empresa danesa Novonesis fermenta excedentes de garbanzos para desarrollar soluciones contra el colesterol, señalando el potencial de los subproductos vegetales en nuevas terapias y nutrición funcional.

Estos ejemplos evidencian cómo la colaboración entre empresas, universidades y centros de investigación impulsa una economía circular en el sector agroalimentario, generando soluciones que respetan el medio ambiente al tiempo que aportan valor al sistema sanitario y a los consumidores. La transformación de residuos en productos de alta demanda médica y nutricional representa un camino prometedor para una industria más eficiente y sostenible.

Para conocer más sobre economía circular en la industria alimentaria y farmacéutica, se puede consultar el portal oficial del Ministerio para la Transición Ecológica, así como los informes especializados de Bioibérica y Cantabria Labs.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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